Fútbol

Míchel suple a Marcelino

El Sevilla destituyó ayer al técnico asturiano, que ha sumado 2 puntos de los últimos 21. Su sustituto ya dirigirá el entrenamiento de hoy

SEVILLA- «No voy a dimitir y seguiré trabajando hasta que los que mandan tomen la decisión de que me vaya, pero entendería un cambio de rumbo». Las palabras de Marcelino García Toral en la sala de prensa del Sánchez Pizjuán después de consumarse la derrota del Sevilla ante el Villarreal eran poco menos que una invitación al cese. Dicho y hecho. El lunes por la mañana fue citado en el estadio para una reunión con Monchi y Del Nido de la que, alrededor de la una de la tarde, emanaba una escueta nota de prensa anunciando su destitución entre loas a su «profesionalidad» y «capacidad de trabajo».

La historia de Marcelino en el Sevilla, siete meses convulsos tanto en lo deportivo como en lo institucional, se resumen con toda la rotundidad de la palabra fracaso. El equipo fracasó de manera estrepitosa en agosto, cuando salió de la competición europea en la ronda previa eliminado por el Hannover 96; fracasó durante un otoño de resultados aceptables y juego pésimo que no eran sino un anuncio de lo que se venía encima; fracasó al no pasar más que una eliminatoria de Copa del Rey, frente a un Segunda B; fracasó en la gestión del grupo a causa de la mala relación con los dos capitanes, Palop y Kanouté; y fracasó en su intento por renacer en Liga, competición en la que ha sumado dos puntos de los últimos 21 en liza.

En un Sevilla ganador, en el Sevilla que construyó Del Nido en sus primeros años, un entrenador no habría cosechado semejante catarata de fracasos, porque habría sido fulminado a la primera ocasión. En el actual Sevilla, un cortijo en el que un presidente con un horizonte carcelario más que probable y sus fieles tratan de perpetuarse, el pobre Marcelino constituyó un formidable parapeto tras el que ocultar la gestión delirante, la ruina económica y una planificación deportiva sencillamente inexistente. El técnico asturiano era arrullado con alabanzas públicas pero utilizado al mismo tiempo como eficaz payaso de las bofetadas. Hasta que, el domingo, su cabeza fue ofrecida a la plebe antes de que las miradas reprobatorias se volviesen hacia el palco. Se despedirá hoy en una rueda de prensa en la que está confirmada la presencia de Del Nido, ausente en los adioses de Jiménez y Álvarez.

El relevo lo tomará esta tarde, a las cinco y media, José Miguel González «Míchel», uno de los personajes más denostados por la grada del Sánchez Pizjuán en las últimas décadas. Su amistad con Rafael Gordillo y su explícita simpatía por el Betis lo ponían en todas las quinielas para suplir a Pepe Mel en diciembre, cuando los verdiblancos escarbaban hacia el sótano de la tabla. No es un factor decisivo de entrada pero tampoco será un detalle baladí si las cosas no mejoran rápidamente. El entrenador madrileño ha firmado un contrato hasta el final de la presente temporada, que se renovará de forma automática si logra meter al Sevilla en competición europea. Un objetivo posible, que en estos momentos se sitúa a cuatro puntos, los mismos que separan a los sevillistas de la zona de descenso. Numéricamente, porque nadie que haya visto jugar a este Sevilla le augura nada bueno.


Pablo Alfaro, un nombre para ablandar a la otra parte
Aunque a la hora de comer en Sevilla ya se daba por hecho el fichaje de Míchel, el club filtró a media tarde, a modo de globo sonda, la posibilidad de que Pablo Alfaro se hiciese cargo del equipo. En realidad, no era más que una estratagema para acelerar la respuesta del preparador madrileño, ya que en Nervión no deseaban que se repitiese la estrambótica situación de 2010, cuando se negoció con Luis Aragonés pero al final hubo que poner a un hombre de la casa, Antonio Álvarez, que accedió al cargo sabiéndose plato de segunda mesa. La historia de Alfaro, de hecho, no era ni siquiera verosímil, puesto que cuando salió del Sevilla no lo hizo en buenos términos con Del Nido y Monchi, así que apostar por su retorno era poco menos que descabellado.