Alguien al otro lado del teléfono

Un paciente recién operado del corazón se encuentra en su casa cuando suena el teléfono, responde, y al otro lado de la línea le habla una voz calmada que le pregunta qué tal le ha ido en los últimos días. No les une ningún tipo de parentesco ni relación de amistad alguna, se trata de una de las siete enfermeras del hospital La Fe de Valencia que manejan un servicio de atención nada impersonal.

Isabel Hermoso (en primer plano) y Ángeles Cervera atienden las consultas de los enfermos
Isabel Hermoso (en primer plano) y Ángeles Cervera atienden las consultas de los enfermos

Ángeles Cervera e Isabel Hermoso son dos de las que realizan el seguimiento semanal del enfermo. Entre las dos suman 30 años de experiencia en el servicio, de los que los últimos cuatro se han aliado con la tecnología y atienden al paciente vía telefónica o internet.
La iniciativa pretende que los pacientes hagan los deberes impuestos por el médico. Que sigan la dieta, que se tomen las pastillas y que controlen los niveles de los parámetros a los que afecta su patología. A mejor seguimiento, menos recaídas y menos ingresos en el hospital.

También buenos ratos

La enfermera de gestión comunitaria garantizará la continuidad asistencial en el ámbito de la Atención Primaria. De este modo, si se trata de un paciente complejo -con úlceras, pluripatológico, plurimedicado, con oxigenoterapia o en silla de ruedas- se ocupan de la gestión individualizada de cada caso hasta que los problemas sanitarios, familiares e incluso socioeconómicos quedan resueltos.

Cuando la situación del paciente y de su entorno están estabilizados, será la enfermera de equipo y el médico de familia los que realizarán la atención directa y el seguimiento del paciente en domicilio.

No obstante, la enfermera de gestión, permanecerá disponible para reevaluar periódicamente la situación de los pacientes más complejos y para atender cualquier solicitud de apoyo por parte del equipo de Atención Primaria.

Y todo mediante instrumentos que no invitan a la humanidad. «Es difícil porque no les tienes delante», explica Ángeles. «Tienes que haber salido a la calle, haber trabajado antes en asistencia domiciliaria y reconocer no sólo los síntomas, sino a la persona».

Atienden a muchas personas mayores, pero «sin duda, lo más duro» son los casos de cuidados paliativos, y entre ellos, los de los más jóvenes. Desahuciados que regresan para morir en su hogar y a los que hay que seguir. «Es duro. La familia llora y lloras con ellos», lamenta Isabel. A veces es de emoción, como en aquella ocasión que, por videoconferencia, pudieron hablar con un joven en silla de ruedas que comenzaba a estudiar en la universidad.

Porque ambas coinciden en que se trata de un trabajo gratificante. «Tuvimos una señora -recuerda Isabel- que en su esquela nos agradeció el trato que habíamos tenido con ella, y es frecuente que tras el trágico desenlace los familiares vengan a conocernos, a ponerle cara a la voz tras el teléfono».

Pero ni a lo bueno ni a lo malo se acostumbran. Si te acostumbras al drama « mal asunto», dice Ángeles. «Seríamos de plástico», añade Isabel.