Sevilla

Treinta años del 28-O por Toni Bolaño

La Razón
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Hoy se cumplen 30 años de aquel 28-O que llevó a La Moncloa a Felipe González. Es innegable que el proyecto socialista ha modernizado España, pero los proyectos no son eternos. Necesitan renovarse, adaptarse a las nuevas realidades, sino se hunden en sus contradicciones. No valen ni parches ni remendos. Después de la continua debacle electoral es innegable que algo se mueve en el PSOE. Griñán, el presidente andaluz y del PSOE, no cierra la puerta a nada. En todo caso, se la cierra a Rubalcaba. En sus narices. Se le entiende todo lo que dice. Igual que a Barreda. Fue claro. Aboga por unas primarias sin dilación, por recuperar políticas de izquierdas como «la única manera de recuperar la confianza de los electores» y «para que los ciudadanos perciban al PSOE como uno de los suyos». Tampoco el alcalde de Toledo, Emiliano García Page, que apoyó a Rubalcaba en Sevilla, pone paños calientes. Le otorga la capacidad de liderar el «cambio potente» para 2013, pero cambio al fin y al cabo.
En el PSOE hay preocupación y los análisis empiezan a dar en el clavo. Los socialistas tienen un problema de credibilidad, se han alejado de los suyos y los ciudadanos exigen una autocrítica que hasta ahora no se ha hecho. En palabras de Barreda, «el PSOE debe conseguir que la gente le deje de tener manía» y esto, pasa sin ninguna duda, por reconocer que se han hecho cosas, tarde y mal. O no se han hecho. La autocrítica siempre se ha llevado mal en la política. En la izquierda especialmente. Casi siempre se reinterpreta la realidad para justificar las equivocaciones. Hasta que el PSOE no haga una cura de humildad, pública si puede ser, los ciudadanos no estarán dispuestos a confiar en él. Todavía se le culpa de la situación de España. Se le acusa de malgastar, de despilfarrar, aunque sólo sea culpable de no haber reaccionado con rapidez ante la crisis. Los españoles no le perdonan que se quedara «pasmado». Hace 30 años los socialistas celebraban su éxito. Hoy viven su fracaso. No valen ni excusas ni evasivas. Hay que actuar, sin prisa pero sin pausa. Rubalcaba puede esperar a las catalanas. Pero no más. El 26-N debe mover pieza. Puede pasar a la historia por su sacrifico o por ser sacrificado. Está en sus manos.