La Torre de Babel de los tipos

La recuperación económica muestra una cara distinta según el punto del planeta en el que nos fijemos.

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MADRID- Así, mientras algunos países occidentales aún estudian y discuten las fórmulas que permitan retomar la senda del crecimiento, los emergentes aprovechan la coyuntura para plantarle cara a los vecinos desarrollados con incrementos del PIB de casi dos dígitos.

La disparidad de cifras se ha trasladado a las políticas monetarias y los bancos centrales estatales aplican distintas tasas de interés en función del estado de sus economías. EE UU, Japón y gran parte de Europa necesitan estimular el consumo de las familias y la concesión de créditos bancarios para alimentar el tejido productivo y que el PIB recupere la senda del crecimiento perdida en los últimos tres años.

En países aparentemente saneados como Suecia, China o Brasil, la situación es distinta. Para evitar el «calentamiento» de unas economías en expansión, los bancos centrales han optado por endurecer el acceso de los bancos al capital con incrementos de los tipos. Así lo hizo la institución sueca, que elevó esta semana el precio del dinero en 0,25 puntos, hasta el 1%, un movimiento que podría tener su réplica en otras economías no dependientes de la política monetaria comunitaria.

La Reserva Federal (Fed) y el Banco Central de Japón mantienen el precio del dinero excepcionalmente bajo (próximo a cero en ambos países) para que a la banca no le resulte un suplicio pedirle capital prestado al Estado. Por extensión, la demanda de liquidez de empresas y familias también verá reducido su coste y en ninguno de los dos casos se esperan cambios en el corto plazo.

En la UE, el escenario es distinto. El Banco Central Europeo (BCE) tiene en sus manos el deber de ordenar la política monetaria de los quince estados que adoptaron el euro, pero algunos ya han abandonado la parte más dura de la crisis (Francia o Alemania) y otros aún ven cómo el fantasma de la recesión sobrevuela su futuro más cercano (España, Grecia).

Las peticiones de los distintos estados van desde aquellos que piden una política monetaria más suave (como la de EE UU) y otros que solicitan una mayor restricción para evitar nuevos excesos como los que llevaron a la crisis. Como solución salomónica, el BCE ha decidido situar el precio del dinero en el 1%, para tratar de contentar a todos. Tampoco se esperan cambios hasta 2011.