Ultraliberales y filocomunistas

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La victoria de Christine O'Donnell en las primarias republicanas para disputar una plaza en el Senado por el estado de Delaware ha hecho saltar todas las alarmas en el comité electoral republicano. Hasta en nueve estados los candidatos, por lo general salidos de la nada, impulsados por el movimiento del Tea Party, han desbancado a los «oficialistas» del «establishment» conservador estadounidense.

Los «nuevos» hacen bandera de su falta de experiencia, de su «no pertenencia» a ese grupo dirigente republicano «de Washington» y de sus profundos valores religiosos y ultraliberales. Aunque algunos de ellos carecen de posibilidades contra sus adversarios demócratas, otros como Bennett, en Colorado, Paul Rand, en Kentucky, y Sharron Angle de Nevada, sí pueden ganar.

Mientras, sigue creciendo la figura de Sarah Palin, quien era considerada por algunos como una mera anécdota en la política estadounidense. En este sentido, se da por segura la victoria en Alaska de Joe Miller, una apuesta personal de la ex gobernadora de ese estado norteño, que puso en juego todo su peso político en su tierra natal para desbancar a la actual senadora «oficialista».

Lo cierto es que el Tea Party preocupa y mucho al «aparato» republicano, convencido de que el discurso del Partido del Té merma sus posibilidades electorales en circunscripciones en las que, de otro modo y dada la situación de crisis, la victoria republicana estaría casi asegurada.
Pero la «revolución» ciudadana conservadora también genera problemas en la formación de Obama, ya que algunos de sus candidatos se verán obligados a «derechizarse» para no ser vistos como peligrosos filocomunistas e intentar ocupar el espacio dejado por los republicanos «moderados», que han sido sustituidos por los nuevos hombres y mujeres de un movimiento ciudadano que ha sorprendido tanto a propios como a extraños.