Lucía Pérez directa a Eurovisión

España ya tiene representante para el festival de Eurovisión.

Entre los cantantes que aspiran a tal «honor», se encuentra Albano sin Romina y con un tema sobre los problemas de la inmigración que ensalza su voz
Entre los cantantes que aspiran a tal «honor», se encuentra Albano sin Romina y con un tema sobre los problemas de la inmigración que ensalza su voz

La lucense Lucía Pérez interpretará el próximo 14 de mayo en Düsseldorf el tema «Que me quiten lo bailao», después de una gala que emitió ayer Televisión Española desde San Cugat del Vallés. Más que reconocida en su tierra –cantó el himno gallego en la toma de posesión de Pérez Touriño–, en su haber cuenta con un segundo puesto en el festival de Viña del Mar. Lucía protagonizó además la polémica de la noche, después de que mostrara su disconformidad a la decisión del jurado, encabezada por Boris Izaguirre, de eliminar su canción favorita, «Abrázame», e incluso les rogara que borrarán del mapa la canción festivalera –con «parachuru» incluido– que finalmente estará obligada a cantar en Alemania. Aun así venció al quinteto masculino Auryn y a la alicantina Melissa.

Claro, que lo de menos era el cantante, el problema radicaba en las canciones. Si las nueve finalistas sonaban así después de pasar por chapa y pintura, cómo serían las 1.200 aspirantes que se quedaron detrás. Los tres finalistas demostraron en las anteriores fases que se adaptaban a cualquier tema con olor de alcanfor eurovisivo, pero enfrentarse a los temas de anoche resultaba una tarea suicida. Si Gestmusic y TVE echaron el resto en la selección de personal, se perdieron por el camino a la hora de escoger la canción y el vestuario de la gala.


Coletillas en inglés
Con tanto compositor de nombre impronunciable por canción –hasta seis para «Diamonds»-, no es de extrañar que los autores no se pusieran de acuerdo en elaborar una letra con una profundidad y una rima que vaya más allá de «Eos, una reina sin más, sin rodeos». O que la melodía del estribillo de «Abrázame» fuera un calco con descaro de «Blanco y negro», que Malú ha colado en todas las listas de ventas y descargas. Y eso por no hablar de las coletillas en inglés en temas como «Diamonds» y «C'est la vie!». Que no, que La Década Prodigiosa ya coló un resultón «made in Spain» en el festival de 1988 y se volvió con una mano delante y otra detrás. Dos de los temas de los preadolescentes de Auryn sonaban a «Viva la gente», pero sin el gancho de «la hay donde quiera que vas», con «lalala» incluido.

Por si fuera poco, Anne Igartiburu dio pie a Blue, representantes británicos en Eurovisión, y dejaron a los yogurines españoles con pocas ganas de volver al escenario. Y a la vasca con una sonrisa tonta, que nada tiene que ver con el gesto que el año pasado se le quedó cuando John Cobra dedicó peinetas e insultos varios al respetable. «Queremos una canción así», explotó en ese momento un espontáneo, después de haber sufrido en directo las nueve cancioncillas.

Si la calidad era cuestionable, más lo era cómo se adaptaban al tono de los participantes. Así, a Melissa –un clon de la Miss España de buen año María Jesús Ruiz– la instaron a gritar a lo Chayo Mohedano, y eso que la muchacha sabe modular su voz. Auryn no cuadraban ningún canon, tampoco los bajos. Por lo menos con ellos el equipo de estilismo se empeñó en que ora parecieran colegiales, ora macarras, ora chandaleros. No es de extrañar que al final de una de las canciones hicieran un pase más propio de un desfile de Francis Montesinos. Porque con las otras dos finalistas más bien parecían empeñados en que se convirtieran en imagen de la cadena multimarca china «Mulaya». En fin, o mucho se esmeran en los arreglos y puesta en escena de «Que me quiten lo bailao» y su «ouououo» o este año el «Spain, twelve points» no se escuchará ni de los vecinos portugueses. Y eso que ellos son fieles. Bien lo sabe Uribarri, que no tendrá el «honor» de cantar los votos que reciba Lucía Pérez.


Italia regresa hoy al festival
Después de que Italia decidiera poner un punto y aparte en 1997 a su participación a Eurovisión, este año regresará a Alemania. Y busca hacerlo por la puerta grande. Para ello, un jurado profesional eligirá hoy a su representante entre los participantes del Festival de San Remo, el concurso de música más célebre del país de Berlusconi. Entre los cantantes que aspiran a tal «honor», se encuentra Albano sin Romina y con un tema sobre los problemas de la inmigración que ensalza su voz –que se prepare Lydia Lozano, lo mismo tiene que volver a «La Caja Deluxe»–. Tampoco se quedan atrás las cadidaturas de Patty Bravo –la diva que encumbró «Bámbola»– y Franco Battiato. Viejas glorias a las que se une la española Raquel de Rosario, vocalista de El sueño de Morfeo y esposa de Fernado Alonso, que interpretará «Fino in fondo» a dúo con Luca Barbarossa. Pero ya ha avisado, en caso de ser elegida: «Nunca se me ocurriría representar a un país que no fuese el mío».