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Chequeo WiFi: A Tu Salud analiza el nivel de emisiones del entorno radioeléctrico

Europa y la OMS advierten de los potenciales riesgos de móviles y redes WiFi. Tanto en casa o en el trabajo conviven distintas ondas y campos eléctricos. Los estudios científicos no llegan a ser concluyentes, pero con un medidor de frecuencias en mano se ve claro: no duerma con el router cerca de la cabeza o apártese un poco de la máquina del café de su oficina
 

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    Chequeo WiFi: A Tu Salud analiza el nivel de emisiones del entorno radioeléctrico

Tiempo de lectura 8 min.

05 de junio de 2011. 03:30h

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5/6/2011

Las dudas empiezan a ser razonables. La Organización Mundial de la Salud ya ha incluido a las ondas que los móviles generan como sustancias «sospechosas» de causar determinados tumores de cabeza –gliomas–, y ha puesto en entredicho las consecuencias del abuso de este tipo de terminales. Además, el Consejo de Europa aconseja restringir en colegios y guarderías el uso de este tipo de terminales y también de los teléfonos DECT, interfonos para la vigilancia de bebés, y otros aparatos que emiten continuamente «ondas pulsadas». Es decir, con impulsos electromagnéticos, así como a los sistemas WiFi. Hace décadas que se plantea si los avances tecnológicos nos pasarán una importante factura. Vivimos rodeados de campos electromagnéticos y todo tipo de radiofrecuencias. Este semanario, acompañado de la empresa Geosanix, que se dedica a evaluar y poner coto –si es posible– a estos campos en los hogares y oficinas, ha realizado mediciones en lugares donde pasamos muchas horas cada día. Sorprende ver cómo se «disparan» los indicadores cuando la máquina de café del trabajo cumple su función o cuando nos aproximamos mucho al router WiFi. En el primer caso, el campo magnético de baja frecuencia que se genera en ese habitual rincón para las conversaciones de trabajo alcanza las 4.000 nanoteslas. El router que permite la conexión a internet, que en la vivienda se situaba junto a un teléfono sin cables, registró 58,6 microvatios por metro cuadrado. Cierto es que según nos alejamos, a un par de metros, la exposición desciende, pero también hay que tener en cuenta que es habitual que estos dos aparatos estén en una mesilla auxiliar del salón o junto a la cama en el caso del teléfono.


Tanto en la vivienda como en la oficina elegidas para este experimento no había un ambiente preocupante en términos generales, aunque en algún caso un trabajador soportaba más de 400 nanoteslas. Pero, en general, hay muchos elementos que están influyendo en el organismo sin que pensemos en ello. Cada caso será diferente, pero muchas de las conclusiones obtenidas en este reportaje pueden ser aplicadas a su domicilio. Por ejemplo, en función de cómo se enchufe una lámpara de la mesilla de noche –es decir, a la hora de introducir las clavijas en los agujeros–  dormiremos a diario bajo ese campo eléctrico (en este piso 36,4 voltios por metro cuadrado en el cabecero de la cama, cuando no deberían ser más de 10). En la cocina, sepa que también varían las mediciones en función del grado de apantallamiento de  la puerta del microondas, así que mejor no mirar cómo se hace la comida.


Otra duda importante y que ha generado polémica son las señales de las antenas  de telefonía móvil. En la casa estudiada, los niveles se movían en un umbral de normalidad, no obstante, sólo con usar una tela especial para las cortinas que filtre esas radiaciones, éstas se mantenían a «raya». No conviene olvidar el campo magnético de la propia Tierra. En la cama de matrimonio analizada, este índice estaba anormalmente alto en una de las dos mitades. ¿Será por eso que uno de los miembros de la familia duerme peor?
Si bien es cierto que todavía no existe un estudio científico que demuestre el vínculo directo entre las ondas que emiten estos aparatos y la causa de determinadas enfermedades, como asegura Patricia Crespo, secretaria ejecutiva de la Comisión Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (Ccars), «hasta ahora, no hay ninguna investigación que pruebe esto, por eso debemos ser cautos a la hora de realizar afirmaciones tan rotundas como que "un móvil causa cáncer", esto no tiene evidencias clínicas de momento». Y en el terreno de los WiFi, la UE habla claro. Su posible consecuencia en el medio ambiente y en la salud es «evidentemente comparable» al que pueden causar la comercialización de medicamentos, productos químicos, pesticidas, metales pesados u organismos genéticamente modificados, según la resolución adoptada por la institución.  
 

En este punto, y al hilo de todo lo que has suscitado el informe de la OMS, la Asociación Española de Operadores de Telecomunicaciones (Redtel) ha asegurado que las compañías españolas respetan los límites de seguridad que establece la organización internacional en cuanto a emisiones relacionadas con la telefonía móvil. No obstante, Redtel sostiene que «no hay muestras en los estudios e investigaciones» sobre los efectos de estas emisiones que indiquen que puedan ser «potenciales carcinógenos».  Quizás, en este punto, resulta interesante que Crespo apunte «a la posibilidad de que todo esto quede demostrado dentro de 20 años, ya que los estudios son complicados y las tecnologías muy recientes, por ello debemos esperar a los resultados de las investigaciones que hoy se llevan a largo plazo». Mientras llegan las conclusiones de estos informes, la población cuenta con una legislación que determina el rango y la exposición de este tipo de emisiones. José Manuel Riera, profesor titular del Departamento de Señales, Sistemas y Radiocomunicaciones, de la Universidad Politécnica de Madrid, menciona las más importantes: «España dispone de una legislación sobre la exposición a las emisiones radioeléctricas que publicó en 2001 el gobierno de Aznar, y que establece condiciones de protección del dominio público radioeléctrico, restricciones a las emisiones radioeléctricas y medidas de protección sanitaria frente a emisiones radioeléctricas».
La OMS y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), afirmaron que los campos electromagnéticos generados por las radiofrecuencias de los dispositivos móviles se consideran «posiblemente carcinogénicos para los humanos» y que se clasifican en la categoría «2B». El grupo de trabajo OMS-IARC se refirió a que un estudio, con datos hasta 2004, detectó un incremento del 40 por ciento en el riesgo de gliomas –un tipo maligno de cáncer cerebral– entre los usuarios más frecuentes de móvil. No obstante, matizó que las evidencias del riesgo de glioma y de neuroma acústico son «limitadas» para los usuarios de móviles, lo que significa que hay una «asociación positiva» entre la exposición al agente y el cáncer, pero no se pueden excluir otros factores en el desarrollo de éste.
Hace apenas una semana, el Consejo de Europa aprobaba una resolución en la que pide a sus 27 Estados miembros que prohiban el uso de móviles en los colegios. Esta petición se apoya en el informe «El peligro potencial de los campos electromagnéticos y su efecto sobre el medio ambiente», y defiende que «el principio de precaución debe aplicarse incluso cuando la evaluación científica no permita determinar con certeza que hay riesgo».

Prevenir es sencillo
El ponente del informe y legislador luxemburgués, Jean Huss, recordó que existen más de 1,4 millones de antenas fijas para la tecnología sin hilos en el mundo. Criticó el umbral oficial fijado por la Organización Mundial de la Salud y la Comisión Europea para limitar el impacto sanitario de los campos electromagnéticos. Resaltó que sólo el 33 por ciento de los estudios financiados por la industria concluye que la exposición a la radiofrecuencia de móviles tiene efectos en el organismo y que el porcentaje se eleva al 80 por ciento si el análisis está realizado con fondos públicos.


José Miguel Rodríguez, director de Geosanix, asegura que «hoy es posible tener un entorno controlado en el que estas emisiones dañen lo menos posible». Desde la Fundación para la Salud Ambiental, Fernando Pérez, su vicepresidente, explica que «tanto en el trabajo como en casa hay que tener en cuenta unas medidas básicas para limitar la exposición innecesaria». En la oficina y en casa se deben desterrar las moquetas, que incrementan las cargas estáticas y favorecen el típico «¡ay!, me has dado calambre!», por lo que tanto suelos como sillas deben ser pulverizadas con un spray que impida este efecto. Además, hay que evitar colocarse cerca de transformadores eléctricos, ya que el de una simple lámpara de mesa llega a emitir encendida hasta 1.265 hz. Otro de los «trucos» es quitar de las mesillas de noche los teléfonos inalámbricos, ya que como asegura la UE, emiten continuamente ondas pulsadas, que pese a su bajo nivel, a largo plazo y con una exposición continuada en el tiempo puede ser perjudicial. Por ello, en estos casos, se recomienda utilizar en los domicilios teléfonos fijos con cable. Lo mismo ocurre con los router, «que siempre han de estar en las habitaciones más alejadas de los dormitorios y nunca en ellos», como apunta Pérez. En estos casos, «en el mercado existen modelos cuyas ondas son inferiores a las marcadas por los límites de las autoridades y que sin perder eficacia, dañan menos la salud», añade Rodríguez.
 

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