Carlos Saura: «Pobre del que no asume riesgos»

Detalla las complicaciones del rodaje de «Io, Don Giovanni», sobre la ópera de Mozart

Saura sigue apegado a la realidad gracias  a la fotografía.
Saura sigue apegado a la realidad gracias a la fotografía.

«Es la mejor ópera del mundo y sólo podía haberla escrito yo», cuentan que dijo Mozart en las cercanías del estreno de «Las bodas de Fígaro». Podría haber aplicado esta misma frase, y con mucho mayor rigor, según los especialistas, a «Don Giovanni», un título que acaricia la perfección. Carlos Saura también lo comparte, así que cuando recibió un guión sobre Lorenzo Da Ponte del productor Andrés Vicente Gómez, decidió olvidar el «biopic» y escorarlo hacia un cómo se creó «Don Giovanni». «Me interesa mucho el proceso artístico, los ensayos... algo que ya he recreado en otras películas como "Carmen", con Antonio Gades». Saura nos presenta a Da Ponte cuando es un tembloroso niño judío obligado a convertirse, esboza su ascenso en la sociedad veneciana como clérigo libidinoso apadrinado por Casanova, que acaba por ser expulsado de la serenísima república por orden de la Inquisición.

Lejos de «Amadeus»Esta circunstancia propiciará su exilio en Viena, donde establece conexión con Mozart: «Aunque aquí lo hemos tenido que imaginar, porque no hay nada escrito sobre esa relación. En esa época parece que no interesaba», advierte el director. El Mozart de Saura no tiene el mismo carácter que se mostró en «Amadeus»: «Parece mentira la influencia que tiene el cine, pues la gente recuerda ahora a Mozart como un tipo aniñado y caprichoso», cuenta Saura. Este Wolfgang se muestra dubitativo al principio, pero poco a poco engrandece el concepto artístico de Da Ponte que pretende aplicar al mito de Don Juan su propio curriculum sentimiental. Esta reconstrucción se ve envuelta en una dirección de arte con vocación de escenografía operística de la época: «Todos los decorados son aparentes, artificiales, compuestos por fotografías ampliadas en grandes dimensiones y colgadas como telones en el estudio, que conforman calles y plazas, casas y palacios de Venecia y de Viena». Primero se rodó en Ciudad de la Luz la parte italiana, y al tener que desplazarse a Viena para filmar allí, el coproductor austriaco abandonó el proyecto. Hasta que llegó una nueva inyección de dinero desde Italia unos largos meses después. A pesar de las vicisitudes, Saura tiene claro que «siempre hay que asumir un riesgo. Pobre del artista que no lo haga». Su cabeza no deja de bullir y su agenda rebosa de fechas a los 78 años: acaba de filmar «Flamenco flamenco», viene de remontar la ópera «Carmen», en Valencia, prepara el musical flamenco «Amor de Dios» y sueña con volver a hacer cine social como «Deprisa deprisa», y así concluye: «De vez en cuando necesito hacer este tipo de cosas más terrenales, pero no tengo tiempo».