Historia

Raíces del imperio español

Raíces del imperio español
Raíces del imperio español

El mármol travertino característico por su porosidad y nobleza refleja el esplendor que vivió Santo Domingo de Guzmán (República Dominicana), hogar de conquistadores y reflejo de la grandeza que ostentó el imperio español. Su mejor ejemplo es la zona de la ciudad colonial. Por sus estrechas calles caminaron Pizarro y Hernán Cortés. Los dos fijaron allí su residencia como centro de operaciones para sus continuas incursiones en tierras americanas. Hoy, el palacete de Pizarro, descubridor del imperio azteca, se llama La Résidence, un restaurante francés que conserva la esencia arquitectónica de aquella época. Eso sí, de los más de veinte platos que conforman la carta, apenas tres tienen sabor dominicano. Cortés también ocupó uno de los edificios de la calle de Las Damas por la que, a pesar del calor y del alto grado de humedad, paseaban las jóvenes nobles españolas ataviadas con sus voluminiosos trajes.
Los siglos XV y XVI están latentes mientras el ritmo dominicano impregna de vida cada recodo. Los colmados –una mezcla de bar y tienda de alimentación– permanecen abiertos hasta altas horas de la noche. Son el lugar de encuentro de jóvenes y mayores. Aunque los tópicos relacionan al Mar Caribe con el ron, en Dominicana es más habitual consumir Presidente, la cerveza del país y la que más se consume. No tiene un sabor muy diferente al de otras marcas, pero siempre se sirve muy fría. Acompañada con unos tostones (plátano frito) y unos quipes (carne rebozada de trigo) se convierten en el aperitivo perfecto en la Plaza de España, centro neurálgico de la vida nocturna de la capital gracias a la conservación de sus edificios históricos. Además del Alcázar donde vivió Diego Colón, hijo del descubridor, los restaurantes han preservado los vestigios de la conquista. El Pat ‘e Palo, por ejemplo, se construyó en 1509 y hoy conserva su fachada original. Es, según los dominicanos, la primera taberna de América.