Menos lobos por Santiago Talaya

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Durante muchos años, quizás demasiados, la clase dirigente andaluza empleó inútiles esfuerzos en fraguar una gran caja regional soñada incluso por algunos como «caja única». Fue en la misma época, algo antes y un poco después del no menos inútil Estatuto de 2007, en los que la administración autonómica se empeñó en ahogar legislativamente el sector del ladrillo y demonizar los campos de golf al tiempo que el gobierno de Madrid, entonces amigo, casi se lleva por delante los chiringuitos de playa. Por cierto, menos mal que la recién reformada Ley de Costas ha salvado una gran parte de la riqueza empresarial y patrimonial de nuestro litoral tanto tiempo amenazada por los complejos de clase y los prejuicios ideológicos. Sin duda toda una política de estímulo. Pero volvamos a la gran caja andaluza que ya nunca será tal, excepción hecha de la saludable, indómita y mediana Unicaja. Porque este viernes tres de agosto amanece un gran día por el mano a mano de José Tomás y Morante en las Colombinas de Huelva. Ahora bien, tanto en la provincia onubense como en la sevillana y en la gaditana la preocupación es no menor entre los empleados de Cajasol por su integración en CaixaBank, es decir, el gran banco de la gran caja catalana. Y lamentablemente sobrarán puestos de trabajo al igual que sobran los abundantes silencios sobre este triste final de la historia financiera andaluza por más que la nueva entidad dominante lleve demostrado su firme compromiso con nuestra tierra. Andalucía, una autonomía de primera que, treinta y dos años después de su primer Estatuto, debería sonrojarse por su treinta y dos por ciento de paro.

Sin embargo, la Junta alza la voz cuando habla de tener en cuenta las medias estadísticas relativas al PIB, la población, el déficit o el endeudamiento. Vana esperanza matemática. Cualquier día nos dirán en el Consejo de Política Fiscal y Financiera: paguen ustedes las prestaciones por desempleo cuyo número esté por encima de la media.