OPINIÓN: A José María Vela

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Has sido esta semana uno de sus protagonistas como director gerente del Instituto Tecnológico de Castilla y León. Un puñado de empresas multinacionales va a ahorrar energía gracias a los recursos creados por la institución que diriges. Y el ahorro de energía redundará en beneficio de todos, también del empleo.
Pero el secreto de la creatividad aplicada a la alta tecnología por el bien de todos pocos lo conocen. Aunque comparte con los saberes técnicos la ignorancia universal en que vivimos quienes sabemos pulsar un botón pero no cómo funciona por dentro el artilugio que hemos puesto en marcha, el secreto de la creatividad aplicada no es, de suyo, el resultado del ingenio técnico.
Más que resultado del esfuerzo y el talento es su fuente. La fuente de algo bueno para todos y no ya para unos pocos es el bien y el bien es aquel supremo valor de la vida humana al que todos los demás aspiran. Cuando, no hace mucho, te oí ensalzar la importancia de los valores humanos en la formación profesional, no pude por menos de sorprenderme.
Ahora que la vieja metafísica ha sido sustituida con éxito sin igual por la neurociencia y las ciencias sociales, he aquí un tecnócrata que desconfía abiertamente de la sola fe en la sola ciencia. Ahora que las viejas humanidades llevan ya más de un siglo envidiando la objetividad de la ciencia y la eficacia de la técnica para transformar el mundo y hacernos felices, he aquí a un hombre con el coraje suficiente para anunciar los límites de aquellos saberes a los que él mismo dedica su vida. Y resulta que es precisamente en sus límites donde no ha dejado de brotar nunca la fuente de la que todos necesitamos beber.