Chelsea una boda sin gluten

La hija de Bill y Hillary Clinton se ha casado blanca y radiante en un pueblecito cerca de Nueva York. Ha sido el enlace del año en Estados Unidos. Y el más secreto.

Chelsea Clinton y Marc Mezvinsky
Chelsea Clinton y Marc Mezvinsky

Si gracias a la elección de Marbella como destino de descanso estival de Michelle Obama, las reservas de hoteles y vuelos se han disparado en la localidad malagueña, lo mismo ha ocurrido con Rhinebeck, un pueblecito del estado de Nueva York , que, de la noche a la mañana, se ha convertido en centro neurálgico por mor de dos palabras, «Sí, quiero», que pronunció Chelsea Clinton el pasado sábado. La hija del ex presidente norteamericano se casó con Marc Mezvinsky con el que lleva comprometida desde la fiesta de Acción de Gracias de 2008. Dos años, y más de cinco millones de dólares han tenido que invertir en la que se considera la boda del año en Estados Unidos y que no deja de aportar curiosidades, como el menú vegetariano y sin una pizca de gluten que se sirvió después de la ceremonia –ya que la única hija de los Clinton es celiaca– o los 15.000 dólares que han tenido que desembolsar para colocar letrinas portátiles en los alrededores de la mansion de Astor Courts.



Al margen de las cifras y de los datos curiosos, el enlace se ha caracterizado por la sobriedad y el secretismo con el que se han querido casar Chelsea, de 30 años, y Marc, de 32. Tal como comenzaría el guión de una película «made in Hollywood»: «El sol lucía con fuerza cuando Bill Clinton acompañaba, emocionado, a su única hija al altar». Ella vestía un traje diseñado por Vera Wang, una de las «celebrities» que asistieron al enlace, mientras el predecesor de George W. Bush, visiblemente más delgado – su hija le pidió que se pusiera a régimen antes de la boda–, lucía, orgulloso, un esmoquin diseñado por Christopher Bailey, de la firma Burberry, al igual que el novio, que esperaba, atento, la llegada de la que, minutos después, se convertiría en su esposa.

No obstante, esta ceremonia no tenía a Chelsea como única protagonista. El modelo que luciría su madre, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha sido tan comentado como el traje de la novia. Al final, la política de 63 años, optó por uno de sus diseñadores fetiche, el dominicano, Óscar de la Renta, cuyas creaciones vistió en numerosas ocasiones durante los años que estuvo al lado de su marido, ejerciendo de primera dama de Estados Unidos. Madre e hija lucían radiantes, ninguna de las dos dejó de sonreír durante el transcurso del enlace que fue oficiado por el rabino James Ponet y el reverendo metodista William Shillady, ya que las dos familias decidieron oficiar una ceremonia doble para respetar las creencias de los dos contrayentes. En ella se incluyó la lectura de las «siete bendiciones» que se recitan en los matrimonios judíos después de de dar el «Sí, quiero» y de intercambiar los anillos. Poco después, un amigo de los novios leyó el poema «The life that I have», del escritor británico judío Leo Marks. Todo ella enmarcado en un lugar blindado por la seguridad y cuya arquitectura recordaba a la Casa Blanca que habitaron durante ocho años .


La boda perfecta

«Con orgullo y emoción hemos visto casarse a Chelsea y a Marc en una bella ceremonia en Astor Courts, rodeados de familiares y amigos», dijeron los Clinton mediante un comunicado de prensa. A lo que añadían que «no podríamos haber deseado un día más perfecto para celebrar el inicio de su nueva vida juntos. Estamos felices de dar a Marc la bienvenida a la familia». Lo cierto es que la ceremonia nada tuvo que ver con la pompa a la que nos tienen acostumbrados muchos de los personajes de la «jet set», porque si algo tenían claro los Clinton es que la boda de su hija sería sólo para ella, por lo que la cifra de invitados no superó los 500. Sólo fueron amigos y familiares de los novios. Este fue uno de los motivos por los que, el actual presidente, Barack Obama, explicó su ausencia: «Ya es suficientemente duro tener que vigilar la boda de la hija de un ex presidente, como para tener que controlar a dos», comentaba en una entrevista que concedió la semana pasada a «CBS». Otra de las grandes ausencias fue la de la presentadora Oprah Winfrey, amiga de Hillary, y que decidió quedarse en casa. A pesar de las especulaciones, ni Barbra Streissand, ni Steven Spilgerg se dejaron caer por una de las celebraciones más esperadas del año. Aun así, acudieron personajes tan conocidos como el matrimonio de los actores Ted Danson, uno de los protagonistas de la serie «Cheers», y Mary Steenburgen, que participó en la tercera secuela de «Regreso al futuro». Entre las personalidades políticas, destacó la asistencia de Madeleine Albright, que fue secretaria de Estado durante el segundo mandato de Bill Clinton y que, además, fue la primera mujer en ocupar ese puesto. También hicieron acto de presencia, su ex asesor Vernon Jordan y el es presidente del Comité Nacional Demócrata y Terry MacAuliffe, entre otros.

El escenario de la boda fue la histórica mansión de Astor Courts, construida hace un siglo por el millonario John Jacob Astor, situada cerca del pueblo de Rhinebeck y de difícil acceso para los muchos periodistas y fotógrafos de todo el mundo que se congregaron en las proximidades para intentar captar algún detalle o la llegada de alguno de los invitados de mayor renombre. Sin embargo, sólo se han difundido cinco fotografías oficiales del enlace y no ha trascendido ninguna de la convite posterior, ni del baile que, como es habitual abrieron Chelsea y su padre, al son de una balada de Frank Sinatra. Fue en este instante cuando al ex presidente se le derramaron lágrimas de emoción. La velada la amenizaron Jim Valli y su banda, como señaló el «New York Post».

Una de las anécdotas más comentadas fue la cena que sirvió el prestigioso restaurante Blue Ribbon, de la que se desconocen los detalles, pero que se basó en comida vegetariana, la favorita de Chelsea. Además, la tarta de boda, de la que se encargaron los reposteros de La Tulipe Desserts fue un pastel sin glutén, ya que la joven es celiaca.

 La boda perfecta que le han querido dar los Clinton a su pequeña se estima que ha costado alrededor de los tres millones de dólares.

Tan sólo en seguridad se especula que se han gastado 200.000 dólares, a los que se suman 600.000 para la carpa de lujo que instalaron alrededor de la mansión Astor, 20.000 para la tarta y otros tantos para el vestido de Vera Wang y de Óscar de la Ranta que lucieron madre e hija. Se desconoce si los recién casados partirán durante unos días a algun lugar exótico o preferirán quedarse en Manhattan para disfrutar del apartamento de cuatro millones de dólares que compró hace unos años, Marc Mezvinsky, el nuevo yerno de Bill Clinton, del que éste dijo: «Marc me gusta mucho. Le admiro, y Hillary también».




Los otros amigos de Chelsea

Chelsea Clinton no ha podido mantener a la prensa al margen de su vida privada, a pesar de sus intentos por la discreción.

- La única hija de los Clinton mantuvo una relación con el joven Benjamin Cahn, uno de los primeros novios de Chelsea y que coincidió con el final des segundo mandato de su padre

- Ian Klaus fue uno de sus novios más polémicos. En agosto de 2003 –en la imagen de arriba–, ambos pasaron unos días en Marbella, invitados por el jeque árabe Hanani.

- Sin embargo, ha sido uno de sus compañeros de universidad, Marc Mezvinsky, el que ha conseguido robarle el corazón a la niña de los Clinton