Investigación científica

Bacterias en pro de la vida por José Antonio VERA

Bacterias en pro de la vida, por José Antonio VERA
Bacterias en pro de la vida, por José Antonio VERAlarazon

La historia de que hay bacterias buenas y malas ya nos la conocemos casi todos desde hace tiempo. Pero siempre conviene insistir en ella. Las buenas son la mayoría de las que tenemos dentro de nuestro organismo, el ochenta por ciento aproximadamente, repartidas entre 500 especies diferentes y totalizando la mareante cifra de cien billones, casi todas con residencia fija en el tracto digestivo, particularmente en el intestino grueso. A estas bacterias buenas se las denomina probióticos, que significa «en pro de la vida» porque nos ayudan a mantener la salud destruyendo o aniquilando las bacterias malas o negativas que produce nuestro propio cuerpo a través de la toxemia y causantes de numerosas enfermedades. Pero las bacterias buenas no sólo son necesarias para contrarrestar a las nocivas sino que son absolutamente imprescindibles para ayudar a digerir determinadas vitaminas, para fabricar la B y la K, generar enzimas que ayudan al cuerpo a producir enzimas, mantener sanas las células del colon, ayudar a asimilar nutrientes como la fibra y también para tener en forma nuestro sistema inmunitario.


Casi un kilo y medio de estas bacterias habita en los intestinos de casi todos los seres humanos. Dice Brenda Leonar que «viven más microbios en nuestras tripas que células tenemos en el cuerpo» (ochenta billones de células frente a los cien de bacterias). Pero en ocasiones son pocas. Sobre todo cuando abundan los microorganismos perversos. Con la edad, por ejemplo, disminuye nuestra población de probióticos. Por eso a mayor edad se necesita tomar más. De ahí la importancia de los lácticos y verduras fermentados como el yogur, el kéfir y el chucrú, todos ellos abundantes en bacterias buenas. Los lactobacillun y bifidobacterium son usualmente los más recomendados, pero por supuesto hay otros. Particularmente siempre recomiendo el kéfir, remedio curativo desde la antigüedad en los casos de afecciones crónicas en los órganos digestivos, convalecencia de enfermedades, ardor de estómago, deficiencia inmunológica, déficit de vitamina B y por supuesto infecciones intestinales e intoxicación crónica. El kéfir elaborado con leche de cabra es muy rico en vitamina D, el de leche de vaca en ácido fólico y el de oveja en yodo, hierro, calcio y niacina.
Las bacterias del ácido láctico son realmente necesarias para el organismo. Ayudan a las personas con intolerancia a la leche y producen sustancias antibióticas que atacan, entre otros, a los hongos nocivos de la cándida albicans, que se asienta preferentemente en los medios vaginales húmedos, así como la salmonella tyfirium y la echerina-colli, esta última tan temida en los viajes. Las bacterias buenas y probióticos dificultan que los organismos nocivos se extiendan en sus proximidades, ya que producen ácidos orgánicos que retardan o dificultan el crecimiento de numerosos parásitos.