Jesús Calleja: «No será que el cuerdo soy yo»

Profesión: aventurero.Nació: en 1965, en León.Por qué está aquí: publica «Manual del joven aventurero» (Espasa). 

Jesús Calleja: «¿No será que el cuerdo soy yo?»
Jesús Calleja: «¿No será que el cuerdo soy yo?»

-Después de leer «Manual del joven aventurero» dan ganas de escaparse de la ciudad...-Este libro ha nacido de una necesidad: no sabía qué hacer para que mis sobrinos dejaran de estar enganchados a los videojuegos. Y como ellos, muchos chavales. Lo que pretendo es que vean y comprendan que la naturaleza es como una gran videoconsola llena de juegos. -Los adultos no somos demasiado distintos. Entre internet y los sms, a mí me deja sola en el campo y no sabría sobrevivir...-... Y sus padres, si han nacido en un pueblo, seguro que sí. Sabemos mucho de ordenadores, pero estamos perdiendo un capital cultural importantísimo: las tradiciones rurales. -¿Por ejemplo?-Saber cómo orientarse en el campo, averiguar la hora que es sólo con mirar el sol... ¿Quiere más?-¿Cuántas veces le han dicho que está loco?-Tantas como he respondido que están más locos los que se pasan el día en una oficina. ¿No será que el cuerdo soy yo? Siempre he tenido un objetivo claro en mi vida. -Ha sido durante 16 años guía de montaña en Nepal y, evidentemente, le sedujo.-Fue una etapa maravillosa. Los nepalíes son una gente extraordinaria. Ellos sí que saben vivir en armonía con la naturaleza porque saben que la necesitan. No son unos prepotentes como los occidentales. No nos entienden. -¿Tan raros somos?-¿Cómo entender que, a pesar de vivir en las democracias más avanzadas seamos esclavos de nuestros caprichos? Nos ponemos demasiadas trampas. Somos tan frágiles que nuestros excesos consumistas hacen que todo se tambalee. Mire la crisis que estamos viviendo ahora, es fruto de nuestra vanidad. -Habla como un budista.-Mire, le diré algo que dicen ellos: los tres males de la humanidad son la codicia, la avaricia y la envidia. Y ellos tienen la suerte de que no hay nada material de lo que dependa su felicidad.-Usted ha viajado mucho, pero me gustaría saber cuál ha sido el mejor viaje interior. -Cuando subí el Everest. -Le he dicho interior...-Insisto, el Everest. Allí aprendí que en la vida no hay obstáculo que no se pueda saltar. Alcanzar su cumbre significó mucho para mí: fue como culminar el diseño de mi vida, cómo quería que fuese. -¿Y se está cumpliendo?-Sí, estoy en contacto con la naturaleza y, ahora, encima me pagan por hacer expediciones gracias al programa de televisión que presento.