Literatura

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Lea más a Galdós y menos a Cervantes

«La literatura explicada a los asnos»José Ángel MañasAriel. 280 páginas. 16,00 euros(e-book, 11,39).

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El título del último libro de José Ángel Mañas (Madrid, 1971) puede resultar provocador, «La literatura explicada a los asnos» (editorial Ariel), pero en realidad tiene un trasfondo culturalista. El autor de «Historias del Kronen», a la hora de escribirlo, tenía muy presente el ejemplo de Bertold Brecht: «Walter Benjamin, que era amigo suyo, contaba en alguna parte que Brecth tenía en su despacho, junto a su escritorio, un borrico de madera con un cartelito que decía "hasta yo debo de entenderlo"». De ahí el título, que lo que quiere decir es «la literatura explicada de tal manera que todo el mundo lo pueda entender», declara el narrador a este periódico. Y para completar la idea, al abrir el libro tenemos una cita del «Platero y yo» de Juan Ramón Jiménez, «donde se sugiere que los asnos pudieran ser, más que los ignorantes, los señores que se dedican a escribir diccionarios, lo que le daría un nuevo matiz al título con el que estaría bastante de acuerdo. Si hay que solidarizarse con alguien, me solidarizo, por supuesto, con los asnos».

En defensa de Gracián
A partir de este enfoque, Mañas encara lo mejor de la literatura española a partir de una estructura muy marcada, con capítulos breves y ágiles, con tono desenfadado, donde deja espacio para la reflexión sobre la escritura cinematográfica y otros registros literarios como las fábulas o incluso el cómic. Pese a todo, «hay géneros menores que no me interesan demasiado, como el epistolar (que me produce gran repulsa), y otros que he querido reivindicar, como el aforístico, al que dedico un capítulo entero». Y añade: «Resulta indignante que hayamos tenido como compatriota al auténtico príncipe del género, Gracián, entronizado por inteligencias tan superlativas como Voltaire, Schopenhauer o Nietzsche, y que no le prestemos la más mínima atención». De tal modo que el ensayo de Mañas intenta poner de relieve obras que no han merecido tanta fama y de rebajar otras. En este sentido, cualquier lector interesado reparará en cómo Mañas ve más lógico que nuestro libro nacional tendría que ser «El Lazarillo de Tormes» antes que «El Quijote». La novela picaresca aún de autor desconocido, de apenas cien páginas, conecta con más afinidad con nuestro mundo: «La sicología de este joven que va pasando de amo en amo y apañándoselas como buenamente puede para sobrevivir en el siglo XVI español me parece mucho más cercana al mundo contemporáneo, más inteligible y me atrevo a decir que mucho más característicamente española que el idealismo incorregible de un señor de Quijana que ve gigantes allí donde hay molinos».

Así las cosas, Mañas ha procurado «que el lector reaccione. Bajar a los clásicos de su pedestal para hacerlos más cercanos, eso sí, sin faltarles en ningún momento al respeto. Ningún texto malo soporta el escrutinio universal tanto tiempo». El narrador, además, también aborda el presente literario, dedicándole un apartado a la posmodernidad, siempre pensando en que las grandes obras siempre son contemporáneas de espíritu, mezcla de muchos estilos: «Algunos de los rasgos que uno asocia con la posmodernidad artística –el pastiche, la recuperación juguetona de estilos pasados, la hibridación de géneros, la difuminación de las fronteras entre la serie A y la serie B artística o la libertad absoluta– no son nada nuevo».

Y es que, siguiendo las palabras del Eclesiastés, nunca hay nada nuevo bajo el sol, y de entre el pasado, tiene claro con qué obras se quedaría: «Coplas a la muerte de su padre», «La Celestina», «El Lazarillo de Tormes», los aforismos de Gracián, «Fortunata y Jacinta», «La Regenta», las memorias de Pío Ba- roja, «Platero y yo», el teatro de Jardiel Poncela, los cuentos completos de Aldecoa, los artículos de Camba, los ensayos de D'Ors, los viajes de Cela, los diarios de Trapiello... Todo un canon para atraer la atención urgente de los jóvenes y no tan jóvenes.

 

El «quijote», excesiva adoración
Mañas comenta el «Quijote» en estos términos: «Nunca me ha gustado esa adoración casi mística que se le tributa», y sobre si tal afirmación puede resultar polémica, no vacila en responder que, sin quitarle a Cervantes nada como figura suprema de las letras universales, «nos hemos decidido a escoger el libro más largo, más difícil y más excepcional, cuando a lo mejor podría haberse escogido un libro más breve, más sencillo y más característico. "Lazarillo"cumple con estos requisitos. Es una novelita de apenas cien páginas, de una plasticidad literaria excepcional, y si fuera el libro nacional todos lo habríamos leído».