Toledo

Una boda de pasarela y tocados

El duque de Feria y Laura Vecino se dieron ayer el «sí, quiero» en Toledo ante la mirada de 650 invitados y con una exclusiva de por medio que impidió ver a los contrayentes

Rafael Medina da el «sí, quiero» rodeado de «celebrities» españolas
Rafael Medina da el «sí, quiero» rodeado de «celebrities» españolaslarazon

Los ligeros tocados pudieron ayer con las pamelas exuberantes en la boda entre Rafael Medina y Laura Vecino en el toledano Palacio de Tavera. Porque ancha, sabia y sobria es Castilla. De eso dio muestras Dolores de Cospedal, de gris violáceo entonado con una enorme pulsera de oro amarillo recamado en amatistas. Aunque, para romper moldes, nadie como Íñigo de Arteaga, futuro duque del Infantado, y Julio Ayesa, que acudieron sin el exigido chaqué.

La etiqueta masculina desplegó todas sus variedades desde la alpaca más veraniega –que no cantó bajo el sol toledano– hasta franelas reconfortantes, como la que se puso Pablo de Hohenlohe, que en junio de 2002 fue el primero en casarse en aquella iglesia.

Repasando a las invitadas, hubo tocados de todas formas, tamaños y colores. Desde el etéreo de la Duquesa de Alba, compuesto por una redecilla verdosa con mariposa y racimo de frambuesas, hasta el plumífero negro que Pitita Ridruejo llevaba en la coronilla. Paloma Cuevas optó por una pamela en pajilla, más comedida que el sombrerazo verde de plumerío móvil de Nuria March.


Un mantón de Colombia
Carmen Posadas sobresalió por ir con la melena suelta sin perifollos capilares. Además, llegó con el único mantón de manila, de ante morado, aunque era «made in Colombia». Ese alarde provocó que pasaran desapercibidas Valeria Mazza y Eva Herzigova, vestida con anodino blazer blanco y la única con traje largo, floreado y lánguido. «Se ha equivocado de boda», opinaban cerca de una Carmen Martínez-Bordiú que siempre parece enfadada con el adelgazado José Campos. Como la enorme capilla rebosaba, la Bordiú formó tertulia en un soleado patio con Cecilia Sarasola, que optó por un modelo vintage de tonos republicanos firmado por el fallecido Jorge Gonçalvez; Paz Blázquez, la impecable relaciones públicas del Gran Hotel de la capital francesa; y Cristina Macaya, fiel a Miyake.

Alejandra de Rojas fue un ejemplo de sencillez bajo boina blanca con iniesta pluma negra que recordaba al París del 68. La marquesa de Salcillo impactó con los brillantes de su envidiado broche. Iba plateada y con gesto plácido, pero no saludó hasta su hace poco íntima Cayetana Fitz-James Stuart. Lo cierto es que se distanciaron al iniciar ésta su relación con Alfonso Díez, porque su vieja amiga, desconfiada o quizá bien enterada, no quiso y sigue sin querer conocer al galán.

La Duquesa se apoyaba mimosa y con mucho amor en un Alfonso que presumió de luminosa corbata rayada en azul. Por cierto, Díez mantiene la rigidez del lado inferior de su mandíbula derecha.

Más que elegantes acudieron El Juli y su esposa Rosario Domecq, que mostró unos españolísimos volantes en rojo que nacían en el hombro izquierdo para rematar en la falda. Lo de Vicky Martín Berrocal fue una opulenta exhibición cárnica y chocaba su inapropiado bolso de pitón marrón teñido. No era el momento. El duque de San Carlos formó tándem con Gonzalo Anes y repasó entendido los frescos de la capilla donde Laura Vecino se convirtió en nueva duquesa de Feria con un diseño de Jean Baptista Balli de escote desigual, hombro izquierdo al aire sobre una enorme y voluminosa falda ampulosa de brocado blanco. La exclusiva con «¡Hola!» retrasará hasta mañana las imágenes. Eso sí, nada del esperado y ausente Óscar de la Renta.

El sepulcro del cardenal Tavera, que está a pie del altar mayor y fue la obra póstuma en mármol blanco de Berruguete, como el retablo lo proyectó un Greco ya decadente. Buñuel lo usó en «Tristana» y a Catherine Deneuve le costó rodar la escena donde tenía que besar la estatua del prelado. Me lo contó el obispo de Tuy-Vigo, íntimo de la duquesa de Medinaceli a quien su nieto y contrayente Rafael Medina envió ayer por la mañana una caja de champán para que festejara el enlace desde la distancia sevillana. La novia lució una corona –no diadema porque estaba cerrada–, con el aro un poco deteriorado y a la que le faltaban dos brillantes y una perla, prestada por la duquesa, una grande de España ausente por sus 92 años y la incomprensión de elementos locales béticos para conceder permiso al casorio.

Destacó la marquesa de Benamejí, que, con su hermana Carmen Cobo, compuso una sinfonía fucsia con joyones rutilantes. Abusaron de pamelazos ante el discreto traje de Nati Abascal, color verde jade, el primer Valentino que su íntimo diseñó tras retirarse hace un par de temporadas. «¿Cómo vendrá Nati? ¿Qué se pondrá?», era la pregunta que sobrevoló sobre los 650 invitados. Lució un vestido recto, de cuello princesa, con gran lazada a la izquierda de la cintura, todo rematado por una imponente mantilla en tono marfil y peineta con puntas onduladas. El velo se recogía por detrás del broche art decó del mismo tono del vestido, que tenía manga larga.

El diseñador ocupó presidencia honorífica y lució rayada chamiza azul. Fue una especie de surtido o catálogo de los que el novio suele ofrecer en su cadena de tiendas.


Estrecha amistad
Acudieron amigos íntimos del desposado, como Rosauro Varo, con la actriz Amaia Salamanca, que escogió un cancanero vestido en varios tonos de tul gris. Álvaro Muñoz Escassi apareció m uy bronceado, mientras Boris Izaguirre provocó sonrisas y hasta carcajadas paseando su etiqueta bajo una chistera tan impropia e incómoda como alguno de los sombreros femeninos. Abundaron los chalecos claros, especialmente en tonos amarillos o albero, aunque Jaime de Marichalar animó su chaqué con corbata morada de lunares blancos.


Entre boletus y macarons
- Los 650 comensales que acudieron al enlace entre Rafael Medina y Laura Vecino degustaron un menú servido por El Palacio de Negralejo Catering, del que el padre de la novia es uno de los propietarios. Se trata del local donde Belén Esteban festejó su enlace fallido con Fran Álvarez.

- El chef del enlace preparó:
- crema de boletus con quenelle de queso azul
-solomillo de buey con salsa perigeus. acompañada de flores de calabacín, puré de patata al aroma de trufa blanca y verduritas de temporada.
-la tradicional tarta fue reemplazada por porciones individuales de macaron con moras, frambuesas y frutos de otoño.

- Los platos estuvieron regado por Albariño Rías Baixas y Dalmau reserva 2005, cuyo propietario, Dalmau Cebrían-Sagarriga, conde de Creixell, impactó con sus gemelos insólitos que reproducían una botella de Marqués de Murrieta, otra de sus marcas.