Cultura a la baja por Pedro Alberto Cruz Sánchez

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La SGAE acaba de hacer público su «Resumen ejecutivo» del 2011 y las consecuencias que de él se desprenden constituyen una foto fija muy detallada y elocuente de la situación actual de la cultura en España. Los diferentes sectores analizados (artes escénicas, música clásica, popular, grabada, cine, vídeo, televisión, radio y nuevas tecnologías) arrojan, en 2010, cifras semejantes, que sirven para establecer la tendencia fuerte de las industrias culturales autóctonas. En el mejor de los casos, los datos las devuelven al horizonte de 2007, y, en el peor, nos encontramos con un retroceso del rendimiento cultural a los niveles de 2000.

A la hora de interpretar todas las tablas de números, la primera conclusión que se abre camino es que, en tiempos de bonanza, las administraciones han hinchado el grado de expectativas de las empresas culturales hasta un punto completamente ficticio y, por ende, inasumible en unas condiciones más restrictivas como las presentes. La mayor parte de los equipamientos culturales son de gestión pública, lo que conlleva que los balances empresariales de las Pymes culturales dependan de la capacidad de ayuntamientos y comunidades para programar y contratarles. En el momento en que la musculatura administrativa ha fallado todo el cuerpo cultural se ha desplomado. Y es más, aún a pesar de lo desalentadoras que resultan las cifras, su lectura en profundidad las convierte en todavía más alarmantes. Un ejemplo: en el caso de la música popular, el número de espectadores y la recaudación por espectáculos en vivo se mantiene en niveles aceptables. Pero, al igual que sucede en el cine, el peso del sistema se ha concentrado en unos pocos productos que han generado un ambiente musical engañoso. O hacemos a la cultura autosuficiente, o se nos muere.