Larrañaga volverá a los escenarios en enero por Jesús Mariñas

La gran Nuria Espert ha conseguido meterse en la piel de la actriz que enamoró a Lorca, Margarita Xirgu, en la ópera «Ainadamar» recién estrenada en el Teatro Real. Y ahora que la Xirgú vuelve a estar de actualidad, quiero recordar algo que le quita magnificencia. Por cierto, Sancho Gracia fue alumno suyo en Uruguay, lo mismo que Alberto Closas, que poseía un estilo escénico imposible de igualar aunque Carlos Larrañaga comparte la misma escuela de elegancia pero con mayor calidad interpretativa.

A comienzos de los años 70, Federico Gallo dirigía en Barcelona el diario «La Prensa» y Closas hacía uno de sus pocos montajes en catalán, «No digas que fue un somni», en el teatro de Jaime Salem, el Moratín, hoy propiedad de Javier Sardá, y en el que debutó Alicia Tomás. El caso es que Gallo y Closas se unieron para hacer un homenaje a Margarita Xirgu, mito también político del separatismo. «La Prensa» abrió la recaudación y, pasados varios meses, sólo lograron 12.000 pesetas que no daban ni para el pedestal. Supuso un desencanto para ambos no exento de sorpresa. ¿Dónde estaba entonces el entusiasmo reivindicador de la figura del catalanismo? Dieron carpetazo y Alberto padeció quizá uno de sus mayores desengaños.

Con quien no hay desengaño alguno es con Paloma San Basilio, que cosecha éxitos tras el estreno en Gran Canaria de «My fair lady». ¡Qué gran obra! Jaime Azpilicue se enfrenta a sí mismo. Participa en dos musicales dirigidos simultáneamente: el también célebre «Sonrisas y lágrimas», al que Carlos Hipólito se incorpora a finales de mes después de hacer «Follies», y las peripecias londinenses de quien canta que «la lluvia en Sevilla es pura maravilla». Posiblemente, estos hitos se enfrenten en la cartelera madrileña este otoño. Paloma logra otro triunfo secundada por Juan Gea. Van arrasando en el verano escénico. Mientras, Carlos Larrañaga finalmente no podrá reaparecer en la Semana Grande Donostiarra. Su regreso estaba previsto para la primera decena de agosto. Su dúo con María Luisa Merlo batía anticipados récords de taquilla, como durante aquella época en la que aún estaban casados. Era la pareja de moda.

Su recuperación en la Costa del Sol va lenta. Su hija Paula no le ha visto desde que fue operado. Desconcierta a quienes ignoran la coquetería del actor: no se ve en plena forma física para ese tierno reencuentro. Por lo visto, Ana Escribano, la última de sus cuatro esposas, está en la misma situación que la niña. Me aseguran que Carlos es consciente de cómo lo debilitó la operación y, con su típica ironía, repite: «¿Dónde está mi carácter que no lo encuentro?». Los médicos estudian cambiarle la medicación y él confía estar a punto para enero –yo tampoco le he visto, sus hijos mayores parecen inaccesibles en este tema «porque le deprime»–. María Luisa ensaya en Valencia una comedia en solitario. El título de «Quizás, quizás» parece ideado para tan triste situación casi kafkiana.