Pablo Larraz: «Los fines de la Memoria Histórica son diferentes a los de subsanar errores del pasado»

El escritor Pablo Larraz, autor de «Requetés», responde a las preguntas de los lectores de LARAZON.es

Retrato de una auxiliar de enfermería de los requetés
Retrato de una auxiliar de enfermería de los requetés

- Mi Padre Federico fue Requeté en el Tercio San Miguel, también fue socio de los Larraz con las lanas. Me gustaría saber por dónde anduvo mi Padre, creo que en Barcelona aunque no creo que participase en ningún combate porque era muy joven y se había escapado de casa para alistarse. Pedro Hornero - Estimado Pedro, en mi familia nunca nos hemos dedicado a las lanas, aunque sí hemos salido alguna vez "trasquilados". No es el caso de este libro, que está teniendo una magnífica aceptación. Si Federico, su padre, que al igual que mi abuelo materno, hizo la guerra en el Tercio de San Miguel pudo haber estado en las primeras columnas de requetés que operaron en Guipúzcoa, en la ruptura del Cinturón de Hierro y la entrada en Bilbao. También en la batalla de Brunete, las campañas de Santander y Asturias, los combates en torno a Teruel, Caspe y la fase final del frente de Cataluña, con la entrada en Barcelona, que quedó muy grabada entre los que la protagonizaron. Hay un folleto realizado por Javier Nagore Yárnoz donde se relata pormenorizada la trayectoria de este Tercio, el 4º de Navarra, y si tuviera especial interés, sabiendo la compañía a la que perteneció, podría ponerle en contacto con alguno de sus veteranos, por si pueden aportarle más información o datos personales sobre su padre.- ¿Para cuándo un documental sobre las víctimas de la República? ¿Cree que debería hacerse? Cristina Rodríguez- Realmente, se trata de un aspecto pendiente de abordar, y el tema lo merece. En mi opinión, los documentales históricos tienen más posibilidades de difusión que los libros, pero el inconveniente del elevado coste de elaboración. Hace falta tiempo pero, sobre todo, dinero para hacerlos. Hasta ahora, los documentales históricos sobre la guerra civil en su inmensa mayoría han versado sobre cuestiones o aspectos relacionados con el bando republicano, en muchas ocasiones con interpretaciones muy parciales. Evidentemente, se debe en buena parte a que han contado con subvenciones públicas y una difusión en medios garantizada. La represión en la parte republicana es en gran parte desconocida, tanto por su magnitud como por sus métodos y sus objetivos finales. Existen libros y estudios, pero faltan documentales que recojan testimonios de primera mano. Se trata, sin duda, de una memoria que debería recogerse y, como apunta Cristina, me parece una cuestión urgente, ya que cada vez quedan menos testigos directos de la tragedia en vida y con facultades.- A su juicio, ¿de qué forma podrán cerrarse para siempre las heridas de la Guerra Civil? ¿Hay alguna manera? Luis Felipe - Pienso que las heridas de la guerra civil estaban ya cerradas, al menos en la generación de quienes la vivieron y padecieron. Primero, porque había pasado un tiempo suficiente para asimilar, y segundo porque había voluntad mutua, en ambos bandos, de pasar página, aprender de errores y mirar hacia adelante. El nuevo debate que se ha reabierto artificialmente desde el poder no va dirigido a quienes vivieron la guerra, sino a ofrecer a las nuevas generaciones una visión parcial y sesgada de las realidades que sucedieron en la España de entonces, para consolidar una versión oficial y simplificada "de buenos y malos"que pueda tener réditos políticos en el momento presente. Para lograr que todos los españoles, sobre todo las generaciones que no vivimos la guerra ni sus años previos, asimilemos sin pasiones ni rencores esa etapa se debería hacer una profunda labor pedagógica, nunca dirigida desde intereses políticos, sino desde criterios cívicos y de convivencia como nación. Personalmente, siento envidia cuando veo, por ejemplo, cómo en Estados Unidos se aborda y se trata la Guerra de Secesión Americana, con un sentido patrimonial y común de la historia. En nuestro caso, para empezar, habría que abordar esta etapa histórica desde sus prolegómenos, desde los gobiernos de la República. Reflexionar sobre los problemas que tenía España entonces, pero también sobre las razones y las formas de gobernar que llevaron en sólo seis años a deteriorar la convivencia y dividir al país y a la sociedad en dos bandos irreconciliables dispuestos a enfrentarse con la violencia. Todo ello se debería hacer de forma rigurosa y profunda, sin caer en falsos tópicos ni en análisis simplistas, acercándonos a sus protagonistas, aprendiendo de sus experiencias humanas, resaltando también los episodios de humanidad, perdón y reconciliación que hubo por ambas partes, y siempre partiendo de la premisa de que tanto la historia de un bando como la del otro es patrimonio común de todos los españoles, sin que nos deban condicionar nuestros antecedentes familiares y/o posiciones ideológicas actuales. Tal vez así se pudiera llegar a asumir definitivamente esa página dramática de nuestra historia y evitar para siempre que políticos irresponsables la utilicen como ariete de confrontación.- ¿Cree que la Ley de Memoria Histórica y en general la política de Zapatero para con las víctimas de la Guerra subsana errores del pasado y hace justicia? ¿No será más bien que da la vuelta a la tortilla y cae en los mismos errores pero con las víctimas del otro lado? María Llopis- Es un acto de justicia humana e histórica que las personas que tienen familiares asesinados quieran darles un reconocimiento y una sepultura digna. Esa labor se realizó al terminar la guerra con la mayoría de los represaliados por el bando republicano, pero en buena parte estaba todavía pendiente con las víctimas del bando nacional y del franquismo. En ese sentido era una labor necesaria y que incluso debería haberse hecho antes.Sin embargo, estas exhumaciones no deben servir de pretexto para llevar a cabo una campaña de revisión hemipléjica de la historia, aprovechando y manipulando el dolor de una parte de las víctimas de nuestra guerra civil e ignorando por completo a las del otro bando .Por desgracia, como ya he comentado en la pregunta anterior, creo que los fines últimos de la Ley de Memoria Histórica son otros muy diferentes a los de "subsanar errores del pasado y hacer justicia".- Antes de leer su libro, me gustaría que me dijera brevemente por qué los requetés y su papel en la Guerra Civil han caído en el olvido de una manera tan manifiesta. ¿Hubo alguna razón política o social para ese olvido? ¿Alguien estaba interesado en ocultar su protagonismo? Pedro Martínez- Las causas son muchas. Evidentemente, tras el Decreto de Unificación de 1937, hubo un intento manifiesto por parte del Régimen de silenciar el papel del carlismo en la rebelión, su ideología y peculiaridades, con el fin de dar una imagen de la España nacional uniforme y cohesionada en torno a la figura de Franco. De este modo, los requetés quedaban relegados en la historia oficial del bando nacional como un fenómeno peculiar, anecdótico, casi folclórico, y exclusivamente relegado a Navarra y Álava. Esta imagen se afianzó y potenció en la postguerra y franquismo, periodo en que fueron muy escasos los estudios y publicaciones sobre la participación carlista en la guerra de 1936. Este olvido intencionado ha continuado durante la transición y el periodo democrático actual, aunque por razones muy diferentes. Por una parte, desde la historia oficial de la guerra civil difundida en los últimos años, muchas veces llena de tópicos y empeñada en dar una imagen uniforme y estereotipada del bando nacional, el voluntariado carlista no encaja bien. Y no cuadra por su procedencia social, humilde en su mayoría, que pondría en solfa la teoría de una guerra de ricos contra pobres; ni por su estética, religiosa y tradicional, alejada del fascismo preponderante en la época y al que se relega sin matices a todos los componentes del bando nacional. Tampoco por su procedencia geográfica, que desbarataría la teoría de "guerra de invasión y de territorios"promulgada desde el nacionalismo vasco o catalán. Qué explicación podrían dar al hecho de que hubo más voluntarios vascos y navarros en tercios de requetés que en batallones de gudaris, o que hubo compañías enteras en estas unidades en las que se hablaba vascuence de forma habitual. No son realidades fáciles de explicar y asumir cuando se parte de premisas históricas prefijadas. Lo cierto es que por razones diferentes, con diferentes intenciones, y en periodos diferentes, se ha relegado a los requetés al olvido histórico más absoluto. En este sentido, cabe destacar la extraordinaria labor realizada en los últimos años por la Fundación Ignacio Larramendi y la Editorial Actas, empeñadas en recuperar y difundir la historia del carlismo y su influencia en la sociedad española en los dos últimos siglos.- Puede el carlismo jugar un un rol en el futuro, no sólo en cuanto movimiento que aúna tradición y catolicismo, sino también en cuanto a movimiento de apoyo a la monarquía? Gracias. Benjamín Moya-Murcia- Desde una perspectiva histórica de casi dos siglos, el papel político actual del carlismo es muy reducido y fundamentalmente testimonial. Respecto a su papel como apoyo a la monarquía, creo que —al margen de cuestiones dinásticas— el concepto de monarquía defendido históricamente por el carlismo dista enormemente del que existe actualmente en España.- ¿Hay alguna relación ideológica o sociológica entre el carlismo y el terrorismo etarra? ClaudioRotundamente: no. Del "Dios, Patria, Fueros y Rey"bordado en las banderas de los Tercios vascos y navarros, a la ideología marxista-estalinista-separatista de la organización terrorista hay muy poco en común. Sociológicamente, quien conoce bien el País Vasco, sabe que la actual base electoral de la derecha española en los ámbitos más rurales de Vizcaya, Guipúzcoa y también del norte de Navarra —lo que actualmente abarcaría el PP o UPN—, procede en buena parte, cuando no en su mayoría, de antiguas familias carlistas. Se podrían enumerar cantidad de ejemplos (Leitza, Durango, Bergara…), lugares en los que precisamente no es nada fácil la política por la presión terrorista. Eso no quita para que haya habido etarras nietos de requetés vascos, del mismo modo que los ha habido de militantes socialistas, de gudaris del PNV, e incluso de guardias civiles. Desde mi punto de vista es un tópico totalmente falso que, supongo que por desconocimiento, continúa saliendo en demasiadas ocasiones en tertulias y foros de opinión. En este sentido, resultan enormemente clarificadores los testimonios de numerosos requetés y margaritas vascos recogidos en el libro.- ¿Qué Brigada de Navarra fue mandada por Camilo Alonso Vega? ¿Era esta Brigada de carlistas? ¿Cuántas Brigadas de Navarra existieron? Chumacera- Las Brigadas de Navarra fueron unidades creadas en 1937 por el Ejército Nacional, que tenían como núcleo principal a los Tercios de requetés navarros, aunque contaban entre sus efectivos también con otras unidades de milicias o del Ejército. Hubo seis, y Camilo Alonso Vega mandó la IV. Por su volumen, tanto la IV como la V Brigada de Navarra, mandada por el coronel Juan Bautista Sánchez, llegaron a alcanzar entidad de divisionaria. Lo cierto es que militarmente jugaron un papel decisivo en la guerra, principalmente en el Frente Norte.- Los requetés eran, por definición, monárquicos. ¿Pecaron de inocentes al pensar que Franco era lo que no era? ¿Realmente creían que el caudillo instauraría la Monarquía en breve? Jorge- Cuando los requetés salieron a la guerra, lo hicieron bajo el mando de don Alfonso Carlos I, que falleció en Viena en accidente de tráfico el 29 de septiembre de 1936, dejando al carlismo dinásticamente descabezado, bajo el mando del príncipe regente don Javier de Borbón Parma. A pesar de ello, consideraron que la guerra que se estaba librando en España en aquel momento, y el resto de ideales en juego —el rey estaba en cuarto lugar, tras "Dios, Patria y Fueros"— obligaban a un ejercicio de responsabilidad en aquel momento y a continuar la lucha sin fisuras, asumiendo la jefatura de Franco como generalísimo del Ejército Nacional mientras durase la guerra, dejando el debate político para después. Pecaron de inocentes sólo en parte: sabían que no era fácil que Franco instaurara una monarquía tradicional en España al terminar la guerra, pero sí confiaban en que el ideario del nuevo estado tuviera en cuenta las premisas del tradicionalismo y, sobre todo, ignoraban hasta qué punto y con qué saña llegarían a estar políticamente perseguidos por el régimen a cuya victoria habían contribuido de forma decisiva.- ¿Qué opina de que Franco, tan crítico con el liberalismo, nombrara sucesor a un (en teoría) liberal?- Para cuando Franco nombró sucesor al actual rey de España, el carlismo llevaba ya un largo bagaje de agravios y enfrentamientos políticos con el Régimen. Franco se empeñó en desactivar políticamente al carlismo considerándolo una amenaza para el Régimen y creyéndolo quizá en posesión de una vitalidad que ya no poseía. Para esta empresa —todo hay que decirlo— encontró inestimables colaboradores dentro del propio carlismo. En cuarenta años, Franco logró lo que dos repúblicas y tres guerras civiles perdidas no habían logrado con anterioridad: desactivar políticamente al carlismo y desmovilizar a sus masas, hasta convertirlo en un movimiento dividido y numéricamente testimonial.- ¿Es verdad que hubo requetés en la guerra en todas las zonas de España? Javier Gómez - A pesar de que siempre se ha relacionado a los requetés con Navarra y el País Vasco, lo cierto es que hubo requetés en toda España. En Navarra se organizaron once Tercios de Requetés y ocho en las Provincias Vascongadas, pero hubo mucho más. Las dos Castillas contaron con nueve tercios de requetés propios, Andalucía con siete, Aragón con seis, Asturias y Cataluña con uno, además de numerosas unidades y agrupaciones menores, compuestas básicamente por voluntarios carlistas, sin contar las organizaciones femeninas de las margaritas, las mujeres carlistas. Aunque en diferente medida, se puede afirmar que hubo voluntarios y presencia carlistas en la práctica totalidad de España, como se refleja perfectamente entre los diferentes testimonios del libro.- ¿Qué opina toda esa gente a la que entrevistó de la memoria histórica y las patrañas zapateriales? Pedro K- Como se podrá suponer, no es que estuvieran muy contentos. De hecho, fue toda esta campaña mediática la que precisamente empujó a dejar su testimonio y a que se recogiera su "memoria histórica"personal, a algunas de las personas que Víctor Sierra-Sesúmaga y yo hemos entrevistado en estos años. En este sentido, me quedo con unas palabras del requeté santanderino Emilio Herrera, que unos meses antes de morir, haciendo memoria, comentaba: «Dios nos libre de otra guerra, porque una guerra civil es mucho peor que las otras. Las otras, cuando se acaba la guerra y pasan cinco años todos tan amigos, y aquí, ahora que ya parecía que lo éramos, han empezado a hurgar en lo que llaman "la memoria histórica"y veremos cómo acaba todo esto».Para terminar, quisiera agradecerles su interés y al diario La Razón la oportunidad de poder conversar con sus lectores. Sólo me queda animarles a que lean el libro, del que La Esfera de los libros prepara ya una segunda edición.