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Hungría

La «marea roja» llega al Danubio

Las autoridades esperan que el vertido se diluya antes de alcanzar a sus vecinos europeos. La ciudad de Kolontar, epicentro del desastre, queda irrecuperable

El vertido tóxico de Hungría mata todos los peces del afluente del Danubio
El vertido tóxico de Hungría mata todos los peces del afluente del Danubiolarazon

De poco sirvió la lucha contrarreloj para evitar la llegada del lodo tóxico al segundo río más importante de Europa. A primera hora de ayer, las aguas contaminadas del río Raba desembocaban en el Danubio y la catástrofe medioambiental más grave de la historia de Hungría tocaba a sus vecinos europeos.

Aunque el «barro rojo» alcanzó el Danubio mucho más diluido, el valor de su pH rozaba el 9, menor a los 13 puntos de acidez registrados el día anterior en algunas zonas del río Marcal, donde la elevada contaminación destruyó toda forma de vida, pero sí lo bastante alto como para preocupar seriamente a sus vecinos de la cuencia del Danubio.

La Unión Europea teme una catástrofe medioambiental más amplia y Rumanía ya se prepara para la llegada del «lodo rojo» . Las autoridades rumanas de la prefectura de Mehedinti calculan que el próximo fin de semana deberán interrumpir el suministro de agua de la capital, lo que afectará a sus más de 100.000 habitantes, informa la agencia Efe. Además, cuentan ya con la posibilidad de una destrucción parcial de la fauna y la flora de la zona. Y el vertido tóxico podría afectar a otros cinco países más hasta la desembocadura del río en el mar Negro.

Todas las esperanzas se depositan ahora en el propio Danubio y en su capacidad para diluir los residuos tóxicos gracias al tamaño de su masa acuática. El secretario de la Comisión Internacional para la Protección del Danubio, Philip Weller, opina que gracias a ello las consecuencias para el gran río «serán limitadas».


Una ciudad muerta
Mientras, en los tres condados de Hungría más afectados continúan las labores de emergencia para encontrar a los seis desaparecidos y reubicar a los cientos de afectados. Kolantar, la ciudad más castigada, cuenta ya con zonas irrecuperables.

Según las autoridades húngaras, decenas de viviendas han quedado destruidas y sepultadas por el barro corrosivo, aunque los habitantes de esta ciudad hablan de 800 hogares totalmente destrozados. Muchos coinciden en que no tiene sentido comenzar la reconstrucción en esta villa reducida al lodo y levantada sobre un suelo ahora estéril.

Las tareas de limpieza del lodo tampoco son sencillas. Muchos vecinos han optado por retirar ellos mismos el barro de sus propiedades, tomando contacto con una sustancia altamente corrosiva que les genera quemaduras, problemas de visión y respiratorios. En muchas zonas será necesario apartar dos metros de tierra para poder retomar el cultivo sobre tierra fértil, lo que llevará, según el Gobierno húngaro, aproximadamente un año. De momento, la explotación agrícola y la pesca de la zona están paralizadas indefinidamente.

Más allá de las pérdidas económicas y las humanas –murieron cuatro personas, seis permanecen desaparecidas y hay cientos de heridos, algunos de ellos graves–, los expertos se lamentan por las consecuencias que el derrame tóxico generará a corto o medio plazo en la salud de la población. Fuentes de Green Peace advierten de que el alto contenido de metales del vertido incluye valores cancerígenos, además de los tóxicos. Todo ello podría favorecer el desarrollo de problemas en el sistema nervioso y tumores en los ciudadanos de la zona afectada, además de malformaciones en las generaciones futuras.

Asimismo, la investigación en la planta de aluminio de Ajka, donde se produjo el accidente, sigue su curso para tratar de esclarecer si la fisura del dique que causó el vertido fue fruto o no de un error humano.

Según el alcalde de Kolontar, Karoly Tili, las autoridades habían declarado «segura» la planta de la compañía MAL Zrt sólo una semana antes del fatal derrame; compañía que, por otra parte, expresó su deseo este martes de reiniciar sus actividades este mismo fin de semana.