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La vita è bella por Lucas Haurie

Avanza otro noviembre hacia el adviento y seguimos sin romper el tabú de la muerte. La consciencia de la propia finitud resulta fundamental para disfrutar plenamente de ese soplo insignificante al que denominamos existencia, a lo que no ayuda la posmodernidad con su estúpido empeño de negar la única verdad incontrovertible. Toda persona mínimamente inteligente sabe, desde la religiosidad o desde el ateísmo, que el único sentido de la vida es morir, dicho sea siquiera desde una perspectiva geográfica. Gaditana afincada en Sevilla, presenta hoy en Granada Sandra Pérez Castañeda «La ciudad que rompe los sueños» (Alhulia), un espléndido debut como novelista cuando le faltan semanas para cumplir las cuatro décadas. ¿La crisis de los cuarenta? Al contrario, una distopía sólo aparente que escala con valentía el Everest del suicidio para forzar ese salto al vacío que siempre supone vivir con intensidad. La mayoría, absorbidos por una cotidianeidad asfixiante, necesitamos un duro aprendizaje porque, ¿es menos suicida que quien se tira a la vía del metro el que se deja aplastar por la infelicidad hasta consumir sus días? Nada más parecido a quitarse la vida que renunciar a ella. Es un libro difícil al que el firmante jamás se hubiese enfrentado de no mediar con la autora un cariño mutuo y añejo, aunque siempre renovado. No cometan el mismo error, pues se privarían de exclamar eso de «qué bello es vivir» sin que medie el cargante de James Stewart.
 

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