Enrique Ponce: «No pienso en la retirada»

Valenciano de Chiva, pequeña localidad a la que ha puesto en el mapa, Enrique Ponce está de enhorabuena. Con dos mil corridas de toros en el zurrón, el recientemente premiado con «La Razón de…» repasa sus veinte años de alternativa, su temporada y, sobre todo, su futuro. El mañana de un torero que ya es parte viva de la Historia.

–Dos mil corridas de toros, una cifra redonda que llegó en una tarde especial. ¿Le hizo ilusión que fuera en Ronda?
–Sí, el azar quiso que coincidiera en la goyesca de Ronda, una tarde de mucha tradición, así que fue la guinda a esa efeméride. Me hace feliz, porque son registros que uno no puede imaginar que vaya a alcanzar. Es una cifra mareante.

–Es la temporada de los guarismos, porque también este año cumplió veinte años de alternativa. ¿Con cuál de las dos se queda?
–Por mi trayectoria, una es consecuencia de la otra. Aunque son 20 de alternativa, llevo 21 temporadas como matador, que ya da para torear mucho. Más aún si has estado diez años seguido superando el centenar de festejos. Lo que realmente llama mi atención es llevar dos mil corridas en ese tiempo.

–Será muy difícil escoger una de tantas. La mejor de todas.
–Casi imposible. Hay unas cuantas que son clave en mi carrera, sobre todo de los principios, son las que elegiría. Fueron los primeros eslabones para formar esta cadena que ahora puedo disfrutar. Por ejemplo, aquella tarde que me quedé solo con seis toros en Valencia con 18 años. La tarde que lidié a «Naranjito» de Torrestrella en Bilbao en 1991. La Beneficencia de Madrid que salí a hombros con la de Samuel Flores. Esos triunfos posibilitaron nuevos éxitos sobre los que construir, a su vez, otros nuevos.

–¿Satisfecho con la temporada?
–Estoy contento. Me he encontrado varios toros malos, con complicaciones, y la lectura que hago es que, no doy la espalda a los compromisos duros. Que después de esas dos mil corridas y esas veintiuna campañas, sigo manteniendo la misma ilusión y actitud con todo tipo de astados que me estoy encontrando. Pero también he cuajado buenas faenas, agosto ha dejado un puñado de faenas importantes en Bilbao, Málaga, el rabo de Ciudad Real...

–¿Resulta más difícil mentalizarse para hacer el paseíllo con todo lo que lleva ya a sus espaldas?
–Vivo día a día, pensando que cada corrida es la única que hay firmada. Es la mejor manera de concienciarte y estar preparado. Mi motivación pasa por torear un animal a gusto, sentirme torero delante de él y transmitir emociones a ese público que disfruta con tus triunfos. Después de tantos años, hay que buscar alicientes especiales.

–Enrique Ponce se sienta en un sofá de casa y se para a pensar fríamente. Tiene que dar vértigo echar la vista atrás y mirar una trayectoria como la suya…
–Sí, si da. Especialmente ahora que van cayendo tantas cifras. Me sorprendo cuando llego a una plaza y el historiador de turno me dice «Oye, ¿sabes que eres el matador que más ha toreado aquí?». O el que más orejas ha cortado. Te van dando datos que yo mismo desconozco, por ejemplo, el de las dos mil corridas, que tampoco tenía controlado. Me explicaron que equivalen a estar seis años enteros toreando cada día. El otro día me ponía a contar: uno, dos, tres… Ahí es cuando te das cuenta de lo que significa tanto número… Es escalofriante.

–Habiendo recogido tanto sembrado, también le ha tenido que merodear alguna vez la retirada, ¿O queda Ponce para rato?
–No lo pienso, pero sí soy consciente de que llevo muchos años y todo tiene que llegar. Ahora mismo, prefiero centrarme en lo que queda de temporada y los contratos cerrados en México y Perú. Me ilusionan para no plantearme una retirada inminente, aunque, desde luego, llegará y sí creo que, cuando me vaya, será de manera definitiva.

–¿No empieza a tirar más la familia que el traje de luces?
–Arrastra bastante, más ahora que mi hija se va dando cuenta de todo. Te duele cuando sales de casa y te pregunta: «Papá, ¿dónde vas? No te vayas». Pesa. Sin embargo, también le digo una cosa, me ilusiona que ella se sienta orgullosa de su padre el día de mañana.

–¿A qué se dedicará Enrique Ponce cuando se corte la coleta?
–Tengo muchas cosas que me entusiasman y, sobre todo, una familia maravillosa con la que compartirlas. Están mis negocios en el campo, como la ganadería, mis aficiones, mis inquietudes… así que tendré bien cubierto el espacio que deje el no torear. No obstante, el alma de una familia es lo realmente importante en la vida. Teniendo lleno ese corazón es fácil ocupar el resto.

–Ejerció de líder hace unas semanas reuniéndose con otras figuras para buscar salidas al veto en Cataluña. ¿Ha habido avances?
–Fue una declaración de intenciones para demostrar que estamos a una. Estamos metidos en temporada, así que no hemos tenido ocasión de volver a juntarnos. Cuando acabe la campaña lo retomaremos para buscar solución a esta barbarie en Cataluña.
Duis


Una relación de amor y odio con Las Ventas
Dos años de ausencia son demasiados para una figura, por eso a Ponce le «gustaría» regresar a Las Ventas. «A ver si podemos alcanzar de una vez un entendimiento, no hemos hablado todavía, es pronto, pero habrá conversaciones, porque a las dos partes nos interesa», afirma. En los últimos años, su relación con el público venteño se ha agriado, pese a ello no cree que Madrid le exija demasiado, «sólo como a todos». «Allí me he sentido querido muchas veces. Si hay memoria, la gente lo recordará. Le debo mucho a Las Ventas, he salido sólo tres veces a hombros, pero, he rozado la puerta grande otras diez veces».