Bahréin ahoga a sangre y fuego la revuelta

Los manifestantes bahreiníes habían levantado su propio campamento en la plaza Luluá o de la Perla, en el centro de la capital Manama, al igual que lo hicieron los egipcios en Tahrir, que se convirtió en el símbolo de la revolución en este país

Familiares de un manifestante bahreiní lloran tras saber que su pariente ha muerto, en el Centro Médico Salmaniya
Familiares de un manifestante bahreiní lloran tras saber que su pariente ha muerto, en el Centro Médico Salmaniya

Pero el régimen del rey Hamad bin Isa Al Jalifa, en el poder desde 1999, no ha permitido que los opositores ocuparan la capital durante demasiado tiempo: la segunda noche, la Policía entró al campamento y acabó con ese sueño de libertad de forma salvaje. Sobre las 3 de la madrugada (hora local) las Fuerzas de Seguridad rodearon la plaza y atacaron por sorpresa a los manifestantes mientras dormían, cargando con pelotas de goma y gases lacrimógenos, porras y cuchillos, e incluso fuego real. Tras el asalto, bloquearon los accesos a la plaza y prohibieron acercarse tanto a periodistas como al personal médico, que no pudieron atender a las decenas de heridos y que fueron ellos mismos blanco de ataques.

En las horas posteriores el Ejército tomó las calles de Manama y los antidisturbios siguieron enfrentándose con grupos de manifestantes, los cuales consiguieron escapar y volver a concentrarse en algunos puntos de la capital. Un portavoz del Ejército de Bahréin se dirigió a la nación en un discurso televisado a media tarde, amenazando con que tomará «cualquier medida para mantener la seguridad, el orden y la estabilidad».

Los últimos conatos de protestas tenían lugar en el hospital de Salmaniya, el principal de Manama, a donde habían llegado durante la madrugada y la mañana de ayer los cuerpos de la masacre de Luluá y los heridos, muchos de ellos muy graves. Allí, los familiares de las víctimas coreaban: «No nos iremos hasta que caiga el régimen», una consigna mil veces repetida en las calles de todo el mundo árabe en los últimos días. La cadena Al Yazira contabilizó cuatro cadáveres en Salmaniya, incluida una niña, pero advertía de que la cifra de los fallecidos podría aumentar, ya que habría decenas de desaparecidos.

Ayer por la noche, el ministro de Asuntos Exteriores de Bahréin, Jaled Al Jalifa, aseguró que las Fuerzas de Seguridad jamás habían usado sus armas contra los manifestantes, algo de lo que han sido acusadas desde el comienzo de las protestas el pasado lunes, en las que han muerto un total de 6 personas. Asimismo, dijo que la intervención era «necesaria» para evitar que Bahréin cayera en «un abismo sectario». Aquellos que han bajado a las calles en contra del régimen pertenecen a la mayoría chií del país, un 70% de su población de un millón, gobernada y oprimida desde 1783 por la familia real Al Jalifa, de confesión suní. Los chiíes –rama minoritaria del islam– denuncian estar discriminados legalmente y marginados social y económicamente.

Los manifestantes, en su mayoría llegados del campo, exigen igualdad respecto a los suníes y reformas políticas para que el jefe del Ejecutivo sea elegido democráticamente, y no por el rey. El actual primer ministro, el jeque Khalifa bin Salman al Khalifa, tío del monarca bahreiní, lleva en el poder desde 1971, tras la independencia del país de Reino Unido. Pero después de la violencia de ayer, los manifestantes exigirán probablemente la cabeza del rey en la gran manifestación programada para hoy.


La Perla entre dos mares
Bahrein es un archipiélago integrado por una treintena de islas situado en el Golfo Pérsico que comparte fronteras marítimas con la costa este de Arabia Saudí y Qatar. Con sólo 727 kilómetros cuadrados y un millón de habitantes, su posición frente a Irán lo convierte en un actor principal de la geopolítica de la zona. El idioma oficial es el árabe, aunque también se hablan inglés, farsi y urdú. La religión predominante es el islam, la mayoría de la población es de rito chií (70%), pero la clase dominante es suní. Es gobernado desde 1783 por la dinastía Al Jalifa, y desde febrero de 2002 es una monarquía parlamentaria que tiene un Congreso Bicameral. Desde 1.999 el jefe de Estado es el rey Hamad bin Isa Al Jalifa, quien introdujo los cambios en el sistema político a la muerte de su padre. Es una nación petrolera y gasífera, y a su vez un importante centro financiero de servicios. Es el principal aliado de Estados Unidos en el Golfo Pérsico y base de la Quinta Flota.