Conflicto a tres bandas por la ola migratoria tunecina

Los desembarcos masivos de inmigrantes tunecinos en la isla de Lampedusa han provocado un conflicto diplomático a tres bandas entre Italia, el país magrebí y la Unión Europea.

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Roma ha pedido permiso a Túnez para entrar en sus aguas territoriales e impedir que zarpen más barcazas, pero su solicitud ha sido rechazada por el Gobierno transitorio de Mohamed Gannuchi, que sin embargo está dispuesto a colaborar por otros medios para atajar la crisis. La tensión entre Italia y la Comisión Europea se debe a que el llamamiento de ayuda que ha hecho el Ejecutivo de Silvio Berlusconi a sus socios no ha sido escuchado en Bruselas, algo que la UE niega.

Mientras los mandatarios discuten tratando de atajar la crisis, en Lampedusa siguen desembarcando más barcazas. Ayer el flujo no fue tan intenso, pero continuó. Según informó el ministro del Interior, Roberto Maroni, en el último mes han llegado a Italia, sobre todo a esta pequeña isla situada en el corazón del Mediterráneo, 5.278 inmigrantes, la mayoría desde el pasado jueves. Todos los indocumentados afirman ser tunecinos. Maroni advirtió de que si la situación sigue así, podrían arribar hasta 80.000 extranjeros desde Túnez. Para evitarlo el Gobierno tiene previsto destinar 200 soldados adicionales al control de las fronteras. Además, ha pedido a la UE 100 millones de euros para gestionar la crisis y la puesta en marcha de una misión conjunta.

La capital tunecina vivió ayer un desfile de mandatarios europeos que pretendían poner fin a la ola migratoria. La primera en llegar fue la jefa de la diplomacia de la UE, Catherine Ashton, quien prometió 17 millones de euros de inmediato para impulsar la transición política y otros 258 millones en ayudas para los próximos dos años. A última hora llegó a Túnez el ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, quien ofreció la colaboración de su país para mejorar el control de las costas del país magrebí. Según algunos medios locales, el Gobierno de Gannuchi habría empezado a dar muestras de su voluntad por acabar con el flujo de embarcaciones hacia Lampedusa desplegando el Ejército en los puertos del sur del país y arrestando a quien intenta cruzar a esta pequeña isla.

EE UU, también preocupado

La crisis migratoria ha provocado inquietud en Estados Unidos y en el Vaticano. La secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, llamó a Frattini para saber cómo se estaba buscando una solución. La reacción vaticana llegó de parte de monseñor Gabriele Bentoglio, subsecretario del Pontificio Consejo para los Migrantes, quien lamentó que los países de europeos no estuvieran preparados para una situación «que no puede ser considerada una emergencia». «Hace falta una legislación concordada a nivel de la Unión Europea, ningún país puede afrontar solo este fenómeno», afirmó Bentoglio.

«Save the children», por su parte, pidió que se garantice la asistencia a los recién llegados y afirmó que al menos 200 de ellos son menores de edad.


Mafias libias controlan los puertos
El golfo de Gabes ha sido un punto tradicional para dar salida a un gran número de africanos que sueña con trabajar en Europa. No es el camino más corto hacia Lampedusa, la pequeña isla italiana, sin embargo siempre ha sido conocida por ser una zona muy poco habitada y con escasa seguridad. Según la Organización Internacional para la Migración, los norteafricanos llegan a pagar a los traficantes de personas 1.800 dólares por viaje, aunque algunos han conseguido regatear hasta los 500. Tanto en el puerto de Zarzis como en el de Sfax, muy cerca de la frontera, son mafias libias las que controlan y organizan los viajes. Los libios han aprovechado ahora el vacío de poder para enriquecerse a costa de las miles de personas que ansían un cambio. A finales del verano pasado, el líder libio Muamar al Gadafi amenazó a la UE con una «Europa Negra» si no le ayudaban con 5.000 millones de euros para combatir la inmigración ilegal.