E la nave va

La Razón
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Me encanta este título de película de Fellini, que nunca vi, pero suena bien y expresa quizá un poco las sensaciones de este momento del año. E la nave va, e agosto va, con paso lento pero firme. En este mes los periódicos están un poco como amas secas, con sus pechos fláccidos y yermos. Los diarios están flacos y secos de noticias, sólo se producen calamidades, agresiones y catástrofes naturales. Los políticos, que se han quedado en casa y yendo al despacho cada día por aquello de la crisis, apenas nos han dado que hablar. La bolsa, cayendo, que es lo suyo. Y todo así. Las señoras bien, las desocupadas, digo, o sea, las de silicona y bótox, pensando en qué comprarse para el próximo otoño; las demás, en la vuelta al cole de los niños y en la vuelta al curro de ellas mismas. En Estados Unidos con los ojos puestos en el 2 de septiembre, para la reunión que allí se celebra entre Abu Mazen y Netanyahu, sin ninguna esperanza ni por parte del uno ni por la del otro, y aquí dentro, de España, digo, sin ninguna esperanza tampoco, pero de nada. Dicen que la esperanza es lo último que ser pierde, pero a los españoles, con los palos del sombrajo caídos desde hace ya mucho tiempo, no nos queda ni recuerdo de lo que era la ilusión. A título individual, cada quien nos apañamos como podemos y vamos incentivando nuestra vida poquito a poco, y que cada palo aguante de su vela, pero lo que es a título colectivo… ustedes me contarán. E la nave va, e agosto va. Sin optimismo.