Conciliación

Pro viribus

La Razón
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«Es que la profe es feminista». Nunca pensé que pudiésemos darle tanto la vuelta a la tortilla para que mis hijos expresasen esta queja. Hemos pasado de la represión de la mujer al escarnio del varón. Uno de cada tres alumnos entre 18 y 24 años fracasa en España en los estudios –más del doble que la media europea– y los chicos claudican un 57 por ciento más que las chicas. Los niños están como vaca sin cencerro, que diría Almodóvar. Especialistas como Javier Urra subrayan la alarmante deriva de adolescentes varones, a menudo hijos de separados, que se vuelven violentos incluso con sus madres. Es rara la chica con conductas asociales, en cambio es muy frecuente el «nini» varón, el chico que ni estudia ni trabaja. Tengo la teoría, muy poco científica, de que estos niños carecen de modelos masculinos. En un mundo de discurso feminista las mujeres aprenden a valorarse, defenderse, «mirarse» en ministras y «lideresas». Los chicos tienen delante padres desconcertados, casi acomplejados…y a menudo no tienen padre en absoluto. Los hombres adultos no tienen voz a la hora de decidir sobre un aborto, son identificados con la violencia machista y no constituyen un objetivo estimulante. Europa incorporó el discurso feminista de forma paulatina desde el sufragismo y lo vivió de forma intensa a partir de la Segunda Guerra Mundial. España, aislada con el franquismo, ha vivido el choque de golpe desde 1975 y con el zapaterismo ha elevado a dogma el endiosamiento femenino. Nuestros hijos varones crecen en un ambiente que les hace lamentar su sexo. Quizá sea el momento de una reflexión.