Arturo Ripstein: «"Avatar"demuestra que el cine va a desaparecer»

Presenta «Las razones del corazón», su versión de «Madame Bovary» 

Arturo Ripstein: «El cine está a punto de morir»

Tras muchas ediciones, el festival invitó a Mathieu Demy, arropado por Chiara Mastroianni, Géraldine Chaplin, Salma Hayek y Carlos Bardem en «Americano». Y, para poner la guinda, palabras mayores: Arturo Ripstein versionando a Flaubert. Charlamos con el maestro mexicano.

-¿Por qué volver a «Madame Bovary»?

-La inspiración viene de donde sea: el periódico, un taxista, un recuerdo… Este proyecto tiene años. Con Paz Alicia Garciadiego –su guionista habitual–, quisimos hacer una revisión de la novela. Lo único que le pedí es que no volviera a leerla, que se quedara con aquello que le impresionó. Al final se fue compactando para contar los últimos dos días de esta mujer. Hay una serie de puntos nodales que coinciden con la novela, pero es más simpática la mía que la de Flaubert, sus obsesiones son más disfrutables y la irritación que causa va por otro camino. Es una mujer más dura y terrenal, menos frívola y más enfurecida.

-Ha rodado en blanco y negro, en una sola localización y con poco presupuesto. Malos tiempos…

-Quería hacer una película pretenciosa, pero modesta, porque a mis filmes les va mal siempre, así que deseaba que el desastre fuera lo menos cruento.

-¿Cómo es su relación con el fracaso? Porque no triunfa en taquilla, pero tiene un nombre en el cine mundial y está repleto de premios.

-El fracaso es muy estimulante. Cuando uno no tiene público al que deberse, se saca de la manga lo que quiere, siempre y cuando cumplas con el presupuesto.

-¿El público ha perdido la paciencia, sólo quiere explosiones?

-El mundo se acabó en 2000 como pronosticó Nostradamus, pero no en medio de temblores, sino con un suspiro, como dijo T. S. Elliot. Yo ya no formo parte de ese mundo. Vivía en uno donde existían la paciencia y las expectativas. Si tengo que juzgarlo está peor que lo que me tocó a mí.

-¿También en su oficio?

-El cine se ha vuelto como los autos de choque: todo es adrenalina. Ya no hay mirada, todo se está estandarizado, la emoción es idiota.

-¿Le parece un piropo que digan que su película es teatral?

-Sería mejor que dijeran operística, por eso llega a la extenuación. Lo del teatro tampoco me parece mal porque llevan 5.000 años y resisten, no como el cine que con 120 está por desaparecer. «Avatar» lo demuestra: es la película con más éxito y el vómito más escalofriante.

-Es un veterano aquí, ¿le pesan las dos Conchas de Oro que ganó?

-Pesan y mucho. Es difícil llegar aquí y desnudarse delante de todo el mundo. Al tiempo que es un acto de amor con los que lo están viendo, no necesariamente te lo agradecen. Eso siempre pica, da resquemor.