El cabo del miedo: Karanka el escudero fiel

Karanka, que es un tipo educado, amable y de formas exquisitas, se vio obligado a dar sensación de cabreo heredado por decreto. Como mayordomo de «Mou» vive en la ficción galáctica. Recibe la luz de los focos cada vez que le conviene a su jefe.

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Carros y carretas
Karanka, que es un tipo educado, amable y de formas exquisitas, se vio obligado a dar sensación de cabreo heredado por decreto.

Desde que José Carabias tuviera que soportar al relamido Ángel Quesada en «Lápiz y Papel», siempre he tenido simpatía por «el adjunto». La literatura mundial ya retrató esas funciones a través de Sancho o Lázaro de Tormes, pero la fórmula de la pareja humorística tiene ilustres representantes que fueron capaces de alimentar con éxito el yin y el yang de la condición humana: Pepepótamo y Soso, Leoncio y Tristón, Yogui y Bubu, Canuto y Canito, y el Linterna y La Pulga de Torrelavega, conocidos en las plazas como el Dúo Sacapuntas. Aitor Karanka ha hecho este año ese mismo papel, o mejor dicho, un papelón. Primero tuvo que sustituir a «Mou» en el banquillo cuando al portugués comenzaron a llegarle las sanciones por su gesto de «Cuidado con el perro». Ya nos dimos cuenta de que Karanka trataba de dar instrucciones escondiendo el papelito que le llegaba de detrás de la valla, donde seguía ladrando el titular de la cosa. Lo peor vino después. Lo más peliagudo llegó cuando Mourinho decidió no comparecer en la sala de prensa del Madrid y el vasco hizo de Monchito en brazos de José Luis Moreno. Karanka, que es un tipo educado, amable y de formas exquisitas, se vio obligado a dar la sensación de cabreo heredado por decreto y ahí es donde le descubrimos incómodo, sobreactuado y tremendamente sobrepasado. Estamos convencidos de que Aitor volverá por donde solía. De momento, y en su descargo, habrá quedado demostrado que es un escudero leal, un hombre de club y un tipo de palabra. Viva la comedia romántica.

El felpudo de «Mou»
Como mayordomo de «Mou» vive en la ficción galáctica. Recibe la luz de los focos cada vez que le conviene a su jefe.

Cualquier entrenador ajeno al fútbol de élite soñaría con ser el asistente de un entrenador de primera línea. Mourinho, sin ir más lejos, estuvo más de un lustro de meritorio a la vera de Bobby Robson, al que lo mismo traducía en una entrevista que le llevaba puntualmente el té a las cinco de la tarde. Es normal e incluso loable que un técnico en ciernes aprehenda toda la sabiduría de uno consagrado. Lo que cuadra menos es que Karanka, que por su condición de ex futbolista de alto nivel se podría haber saltado los peldaños más bajos del escalafón, se haya prestado a ser el limpiabotas del portugués. No tiene que darse a conocer quien ha sido triple campeón de Europa con el Real Madrid ni mucho menos necesita para subsistir un salario de subalterno. ¿Por qué abandona entonces su puesto en los escalafones inferiores de la Selección? Muy sencillo, por puro afán de notoriedad. En su despacho de la RFEF, Karanka habría adquirido una impagable formación, pero se habría convertido en un ciudadano casi anónimo. Como mayordomo de Mourinho, sin embargo, vive en la ficción galáctica porque se roza a diario con Cristiano y recibe la luz de los focos cada vez que le conviene a su jefe. Comete un error de cálculo: cuando, más pronto que tarde, Florentino se canse del macarra que tiene por entrenador, algún empleado del club le recordará al presidente que los servicios del vitoriano no fueron al Real Madrid, sino a su mentor. Mientras tanto, disfruta de la fama ganada con su papel de émulo Smithers, el servil asistente del señor Burns. Que le aproveche