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El barrio gótico se llena para disfrutar de los primeros conciertos

BARCELONA- Frank Sinatra cantaba que quería estar en una ciudad que nunca durmiera. La noche del jueves al viernes esa era la imagen que daba la Barcelona de los primeros compases de la Mercè. El barrio gótico acogió diversos escenarios en los que se podía escoger entre la variedad de grupos, muchos ellos dentro de la programación del festival BAM.
La plaza Real fue el primer rincón de la ciudad en arrancar, con la propuesta firmada por PE'Z, una formación jazzística nipona. Con una plaza llena a rebosar de aficionados al jazz y de lateros haciendo su agosto en septiembre, el grupo japonés se entregó a un auditorio dispuesto a disfrutar. Había motivo. La música de PE'Z es sencilla y agradable, bebiendo del jazz clásico y sin hacer ascos a las mezclas con otros estilos. En la plaza, algunos se atrevían a bailar y a aplaudir, aunque abundaban corrillos sentados sólo moviendo la cabeza al ritmo de la música.
Si uno se movía en dirección a la plaza Sant Jaume, ya podía ir notando que había problemas de movilidad. Estos se acentuaban en la plaza del Rey, casi una ratonera en la que era imposible dar un paso. Demasiada gente, demasiado caos, demasiados lateros. Un ambiente que hasta hacía imposible escuchar como se merecían a Astrud & Col·lectiu Brossa. Pese a las buenas intenciones de la formación y de su vocalista Manolo Martínez –quien recordaba que era la segunda vez que estaban en la Mercè– era muy difícil poder disfrutar del concierto si no se estaba muy cerca del escenario.
Algo más tranquilo era el ambiente en la plaza de la Catedral con los Aziz Sahmaoui & University of Gnawa, con sonidos africanos relajantes.
 

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