Carne de matadero y un torazo

Las Ventas (Madrid). Segunda de la Feria de la Comunidad. Se lidiaron toros de Fidel San Román, bien presentados, con cuajo, ásperos, descastados, y dos de El Ventorrillo, (2º y 6º), de mejor juego, sobre todo, el último aplaudido de salida y en el arrastre.

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Media entrada. Tomás Sánchez, que confirmó alternativa, de azul eléctrico y oro, cinco pinchazos, estocada casi entera (ovación); estocada (palmas). Alfonso Romero, de nazareno y oro, pinchazo estacada caída (silencio); tres pinchazos, cuatro descabellos (silencio).José Manuel Mas, de verde manzana y oro; estocada casi entera ladeada y contraria, estocada caída, aviso (silencio); pinchazo, bajonazo (silencio).

Ya desde la imprenta venía torcido el cartel de ayer en Madrid. La segunda de la Feria de la Comunidad anunciaba al valenciano Tomás Sánchez abriendo terna para confirmar su alternativa. Padrino y testigo con menor antigüedad que su ahijado en la ceremonia. Todo un enredo pocas veces visto. Esa contracorriente se repitió en el festejo con cuatro astados de Fidel San Román –de sangre Guardiola– de pocas opciones, correosos para el torero, y dos más de El Ventorrillo –origen Domecq–, mucho más noblotes en el último tercio.

Por ello, esta crónica también empieza la casa por el tejado. Patas arriba. Por un sexto de El Ventorillo, aplaudido de salida. No era para menos. Zancudo. Cornalón. Cabía un mundo entre asta y asta. Serio hasta la penca del rabo, pero con pocas hechuras de embestir. Pero, milagros de la naturaleza, humilló en la muleta de un dubitativo José Manuel Mas, que se dejó ir, la puerta a posibles sustituciones en San Isidro. La tuvo en un astado que se pensaba la primera acometida, pero que después hacía el avión. Lástima de torazo. Volvió a escuchar palmas en el arrastre. Antes, con el áspero tercero, sólo pudo mostrar buena colocación.

Confirmó alternativa, Tomás Sánchez, que llegaba aún con magulladuras recientes de un tentadero. Más golpes recibió en el trasteo a la res de la ceremonia. Burel orientado, que midió mucho. Sin casta alguna. Lo zarandeó con fuerza y, una vez en el suelo, se quedó a milímetros del valenciano, por fortuna, gracias esa falta de bravura no hizo por él. Lo olisqueó sin más varios segundos como si fuera un dócil perro lazarillo. Continuó el levantino que dio la cara ante semejante marrajo. Volvió a estar firme ante el desclasado que hizo cuarto. Mientras, el murciano Alfonso Romero, desconfiado con la pañosa, sólo dejó cuatro verónicas y la media –profundas, cargando la suerte– en los de recibo al segundo.