Egipto barre los restos de Mubarak

El ambiente festivo continuó ayer en las calles cairotas. Después de tres décadas con Mubarak, los egipcios tienen mucho por celebrar. El centro de El Cairo tomó los colores rojo, blanco y negro que representan la bandera del país. El gallardete tricolor colgaba de los balcones de las casas, ondeaba en las ventanas de los coches o, incluso, cubría la cabeza de las mujeres en forma de «hiyab» o pañuelo musulmán.

Egipto vuelve a la normalidad bajo la tutela del Ejército
Egipto vuelve a la normalidad bajo la tutela del Ejército

A primera hora, el Ejército comenzó a retirar las barricadas del centro de la ciudad y las alambradas de espino que bloqueaban los accesos a las calles del centro, en un gesto para permitir la vuelta a la normalidad.

La plaza de la Liberación, convertida en símbolo de la revolución popular, volvió a ser tomada por decenas de miles de egipcios que celebran la caída del «rais» y de su régimen. Canciones y arengas patrióticas podían escucharse por los altavoces colocados en la explanada de la plaza, mientras los vendedores ambulantes vendían té, palomitas y platos de koshari «revolucionario».

Los manifestantes de Tahrir dejaron sus pancartas a un lado y se pusieron manos a la obra para borrar los últimos vestigios de la revuelta. Centenares de voluntarios con escoba y recogedor en mano limpiaron las calles adyacentes a la plaza, mientras otros tantos recogían en grandes bolsas negras la basura almacenada después de 18 días de sentadas contra Mubarak. Varios grupos de personas formaban un corro para impedir que pasara la gente mientras los equipos de la limpieza barrían el suelo y las aceras.

Grupos de voluntarios se encargaban de sacarles brillo a los leones de bronce que flanquean el puente de Qasar el Aini, mientras otros vigilaban para que los más pequeños no se subieran a las estatuas para hacerse la foto con la bandera de Egipto. También los militares se enzarzaban con la gente que quería subirse a los tanques del Ejército colocados en las entradas de Tahrir.

A media mañana, el enorme campamento de Tahrir estaba desmantelado. Sólo algunas de las tiendas de campaña resistían en la explanada de la céntrica plaza. La mayoría de los que decidieron no marcharse eran seguidores de los Hermanos Musulmanes que estaban allí acampados con sus familias. También algunos jóvenes activistas decidieron no abandonar el campamento hasta que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas hiciera su cuarto comunicado.

«Han quitado al jefe del Estado pero su régimen continúa», denunció Abdel karim Aziz, simpatizante de los islamistas. «El Ejército no ha dado garantías de que cumplirán nuestras demandas», advirtió Husein, su compañero de la tienda de al lado.

«Además, Mubarak ha robado el dinero del pueblo egipcio y se lo ha llevado a bancos internacionales y tiene que devolverlo al pueblo», añadió un tercer compañero con una larga barba y túnica blanca.

Era previsible que los acólitos de los Hermanos Musulmanes iban a aprovechar el clamor de las revueltas para continuar con su batalla personal contra el Gobierno egipcio.
«Esta gente no entiende nada. Son unos testarudos que quieren arruinar el espíritu de la revolución», manifestó Hani, un joven activista independiente. «Nuestras peticiones eran claras y nuestras demandas cerradas, ahora no pueden ir de oportunistas», continuó Hani, que tampoco tiene claro cuando se marchará, porque desconfía de las promesas del Ejército.

Miedo a un golpe de Estado

Muchos egipcios no encuentran suficiente que la cúpula militar haya anunciado que se formará un nuevo gobierno de tecnócratas en un futuro próximo. Piden fechas precisas, una agenda clara, porque, desgraciadamente, los fantasmas de golpe de Estado no han desaparecido de las mentes de los egipcios.

Desde hace más de 50 años el país ha estado gobernado por militares pese a que las circunstancias en las que se ha dado esta revolución «son distintas», apuntó el analista Azmi Ashour. Ashour es de los que confía en que el Ejército no aprovechará la situación para tomar las riendas del poder, pero «no todos los dirigentes de la institución militar juegan en el mismo bando», la prueba de ello es que el propio ex vicepresidente Omar Suleiman forma parte de la cúpula militar.

Al cierre de esta edición, las autoridades egipcias anunciaron que se habían abierto sendas investigaciones contra el ex primer ministro Ahmed Nazif, el ex ministro del Interior Habib el Adli y contra el actual ministro de Información, Anas el Fekki. La televisión estatal informó de que se ha prohibido a estos tres ex altos cargos viajar al extranjero. «Han sido necesarias medidas de prohibición de viaje para examinar las acusaciones sobre Habib el Adli, Ahmed Nazif y Anas el Fekki», señalaron en la cadena egipcia.



Hoja de ruta
- La actual Administración debe tutelar el país hasta que se elija un Gobierno nuevo.
- Egipto está comprometido con todos los tratados y obligaciones regionales e internacionales.
- El Ejército aspira a garantizar una transición pacífica del poder en el marco de un sistema democrático.
- El Ejército pide al pueblo que coopere con las fuerzas de seguridad.