Los entresijos de la copla salen a la luz por Jesús Mariñas

La nostalgia no es un error y Raphael dedica su nuevo disco, que no es el último, porque suma y sigue, a Paco Gordillo, su descubridor. Él también relanzó a Marisol cantando «Tu nombre me sabe a yerba» del Serrat al que la malagueña enloqueció y con quien llegó a encerrarse durante una semana en la casa que Colita, retratadora de «la gauche divine», tenía en la empinada Bagur catalana. Son romances que nunca cantó el glorioso Joan Manuel, que ahora hace patria en Buenos Aires emparejado a Sabina. Suponen historia viva y como homenaje póstumo son tres libros casi a punto. Exhumarán a Gordillo, que siempre conservó papeles de todo tipo –desde contratos a cartas autógrafas– recogiendo una vida artística iniciada apoyando a su padre, el maestro Gordillo, autor de «Torre de Arena», cumbre interpretativa de Marifé de Triana cuando el Calderón era templo, refugio y escenario folclórico. Algo también para historiar antes de que nos falle la memoria, como no parece ocurrir con los recuerdos de Gordillo, toda una vida entregado al doble quehacer de orientar a «grandes» como Rocío Jurado, para la que escenificó «Señora» con un zorro blanco sobre el hombro que acabó más calvo que «mua» a fuerza de usarlo como la cama tan cantada. Paco era un genio y, tras Raphael, encauzó a la chipionera. Sole Jara, su viuda, recuperó todo el archivo marital dispuesta a transformarlo en memoria viva, palpitante o denunciadora de periodos muy importantes de la música española. Registra como punto final los injustos desacuerdos con Pasión Vega y Pastora Soler, sus últimos productos mantenedores de un género que sólo sobrevive en Andalucía, o la modernidad de Poveda. Más de lo mismo: Héctor Dona presenta en días, rozando junio, algo sobre Pastora Imperio, la de los brazos únicos heredados en la danza por su nieta Pastorita Vega, la que acompañó como nadie los mejores momentos musicales de un Felipe Campuzano injustamente postergado en Marbella. Pastora fue contemporánea de Raquel Meller, Chelito –creadora del Muñoz Seca donde ahora abarrota Ivonne Reyes reponiendo «Violines y trompetas»– Mercedes Serós y Pilar Alonso. Se dejó cortejar, o más, por Alfonso XIII y el Duque de Dúrcal, por eso Larrañaga y la Pastora de Imanol se llaman «primos» con cachondeo genético evocador de sus antepasados. A ver si lo de Pastora sacia otras curiosidades con el ajuste de cuentas que Charo Vega, la guapísima, volcó en otro volumen con su vida personal a la sombra de Toni Caravaca. Ella también enamoró a Serrat, fue como hermana de Carmina y Lolita y una segunda madre para los Rivera Ordóñez, que hoy la detestan. Hay para contar y descubrir. Debe hacerlo ya porque la historia es el momento y no simple nostalgia modificadora.