El último «moranita»

El último «moranita» que todavía queda en el servicio exterior de España es sin duda el actual ministro del ramo, Miguel Ángel Moratinos. La escuela de diplomáticos tercermundistas creada por el primer ministro de Exteriores de Felipe González, cuando llegó al poder en 1982, sigue todavía dominando la ideología y actuaciones de la política diplomática de los socialistas españoles, sobre todo desde la llegada a la Moncloa de Rodríguez Zapatero. González tuvo que cambiar a Fernando Morán al final de su primera legislatura, sobre todo cuando se oponía a la presencia en la OTAN, y posteriormente vimos titulares como Francisco Fernández Ordóñez y Javier Solana, que ya tenían claras las políticas exteriores de una España que se tenía que abrir al mundo occidental, que no era precisamente las de «los no alineados» que adoraban los moranitas. El desconocimiento de los temas internacionales que tenía Zapatero en 2004 hizo posible que encargara la cartera de Exteriores a Moratinos. Lo más «brillante» que se le recuerda de la etapa como diplomático fue el paso por Oriente Medio, criado a los pechos de Arafat, defendiendo frente a Europa al terrorista más influyente que tenían los palestinos. En el ministerio, Moratinos ha seguido intentando que la política exterior española se acercara más a los líderes de aquellas naciones que practican el credo revolucionario de izquierdas, especialmente en Iberoamérica y muy en especial el agujero cubano.