Concierto o botellón

Las sesiones sin música reúnen en Chueca a la gente para beber

Sólo quienes iban preparados pudieron escuchar la música que abrió las fiestas del Orgullo
Sólo quienes iban preparados pudieron escuchar la música que abrió las fiestas del Orgullo

Madrid- Generaba bastante expectación por cómo iba a ser y no cosechó el éxito que se esperaba. El concierto silecioso que tuvo lugar ayer en la plaza de Chueca no logró calar en el público, en parte por algunos fallos técnicos que hicieron que las sesiones de dj Tania, dj Bee y dj Iván Pica se retrasaran unos minutos, lo que provocó el enfado y los abucheos por parte de los asistentes. Cuando por fin se solucionaron los problemas, tan sólo unos pocos se pusieron los auriculares y los conectaron a sus móviles para disfrutar de la música a través de Loca FM. «Está bien, pero no es lo mismo escucharlo en estéreo que con cascos», decía uno de ellos. «Esto de los conciertos silenciosos no se puede repetir, sin música no hay fiesta», se quejaba otro joven del público.
Pero la mayoría de la gente que estaba en Chueca ignoraba el espectáculo y se dedicaba a hacer botellón. Ni la música «muda», ni las go-gós que bailaban sobre el otro escenario, ni los montajes de animación que se proyectaban sobre una pantalla gigante, conseguían captar la atención del público, que de vez en cuando gritaba en contra de la nueva modalidad de conciertos. De hecho, al principio muchos de los asistentes abandonaban la plaza y se dirigían hacia otras zonas del barrio donde había un ambiente más festivo, como la plaza del Rey, donde se celebró la Noche Flamenca con la actuación de Pitingo como invitado especial, o el escenario de Callao, que contó con la presencia de Labuat o Romy Low.
Fue a partir de las diez de la noche cuando los efectos del alcohol hicieron que la gente se animara y Chueca se volviese a llenar. Las calles aledañas estaban repletas de personas que se paraban en las barras de los bares a comprar copas y cervezas, lo que hacía casi imposible caminar por ellas. Una de las que tenía más ambiente era la calle Pelayo, ya que en su escenario sí que había espectáculos con música «que es lo que queremos los que venimos a las fiestas del Orgullo», declaraba una turista.
Mientras, en la plaza de Chueca, la gente se cansó de los auriculares una hora antes de que terminaran las sesines silenciosas, en parte porque se encontraban «aislados del resto de la plaza» y también porque «con el ruido que hay es imposible oír bien la música», por lo que siguieron haciendo botellón.
Parece ser que los conciertos silenciosos que acordaron para no molestar a los vecinos, no son la solución a los problemas del ruido del Orgullo.