Berlinale: un modesto día de la hispanidad

Mientras «Amador» y «También la lluvia» aterrizaban en Panorama, el cine latinoamericano, que tiene en la Berlinale su mejor plataforma, ponía dos picas en Flandes: «Un mundo misterioso», del argentino Rodrigo Moreno, mordía el polvo en competición, y «Medianeras», del también argentino Gustavo Taretto, arrancaba sonrisas de complicidad virtual en Panorama.

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Se escucharon otras lenguas menos románicas, y sonaron a chino: ni la turca «Our Grand Despair», análisis más bien insípido de una intensa amistad masculina testada por la intromisión de una mujer, ni la alemana «My Best Enemy», que, fuera de concurso, retomaba los dilemas morales de nazis y judíos en un entorno de telefilme, nos hicieron olvidar que, este año, el cine español no ha conseguido colarse en la sección oficial. Afortunadamente, Pilar López de Ayala no parece predestinada a encarnar estereotipos de lo hispánico tan indignos como los de Carmen Maura y NataliaVerbeke en esa versión francesa de «Las que tienen que servir» titulada «Les femmes du 6è etage», comedieta infumable que se deslizó en la selección fuera de competición.

En «Medianeras» Ayala imita con salero el acento porteño para interpretar a un alma solitaria que acaricia maniquís como quien deshoja margaritas. No, no teman: no hay nada enfermizo en esta comedia romántica de la era virtual que pretende echar un cable a los que se encierran en casa con el corazón roto y el ratón cliqueando. Tras sus reflexiones sobre la soledad en las grandes ciudades, tras sus citas a Tati y a «"Manhattan», queda lo que los anglosajones llaman una «feel-good movie»: una película que desea agradar a toda costa, porque de lo que se trata es de esperar a que el «boy meets girl» se consuma y a que las medias naranjas se expriman mutuamente, aunque sea a través del Messenger.

La soledad en una Buenos Aires desconchada y en manga corta podría ser el tema central de «Un mundo misterioso». Podría serlo si Rodrigo Moreno supiera qué quiere contar. Se trata de explorar la vida de un tipo al que su novia le pide un tiempo de separación. ¿Cómo acostumbrarse a la soledad? Boris se instala en un hotel de mala muerte, se compra un coche rumano, se va de fiesta, liga, coge un autobús, vuelve a ligar y etc.

Vacío de significado

El vagabundeo se convierte en su estilo de vida. Pero para que ese deambular sirva de algo el protagonista debería resultar interesante o enigmático o algo. No es el caso: el director de «El custodio» vacía de todo significado a su antihéroe sin interesarse por crear la mínima empatía por ese vacío. El resultado es una tomadura de pelo en toda regla.