«Quien quiera rezar que rece adiós maestro»

Son palabras de su hijo José Luis. Berlanga descansa ya en el cementerio de Pozuelo de Alarcón junto a su hijo Carlos. Las alabanzas y los aplausos no cesaron en la despedida definitiva al gran cineasta

Corta y sobria. La despedida definitiva al cineasta no pudo ser más opuesta a su vida, larga e intensa. En el campo santo de Pozuelo de Alarcón, ciudad en la que vivía y bajo una lluvia fina y triste, la familia, muchos amigos y alguna autoridad asistieron al sepelio de Luis García Berlanga. El maestro se fue al grito de «¡Viva Berlanga!», un desliz en el protocolo fúnebre que él mismo, poco amante de estas ceremonias, hubiera aplaudido. «Ha llegado el triste momento que nunca hubiéramos deseado, muchas gracias a todos», decía su hijo José Luis sólo unos momentos antes, tras el cierre de la capilla ardiente, en agradecimiento al apoyo de los asistentes. Después se despidió de su padre: «Quien quiera rezar, que rece. Adiós maestro», logró decir entre lágrimas. Ahora el maestro descansa junto a su hijo, Carlos, fallecido hace ocho años.


Rodeado de amigos
El director se fue acompañado. Mucha gente quiso despedir y dar el pésame por el que siempre será uno de los mejores cineastas de nuestro país y de fuera. La generosidad de su familia, que permitió que numerosos amigos la acompañaran durante el entierro, convirtió el acto en un homenaje sentido de quienes no pudieron más que agotar las alabanzas para el director. Concha Velasco, Guillermo Montesinos, Mónica Randall, Bárbara Rey, José Luis Borau, Ramón Langa y José Manuel Parada fueron algunos de los asistentes, cerca de un centenar. «Tengo dos fotos en mi camerino: una de Picasso y otra de Berlanga», aseguró Velasco, gran amiga de la familia. «Era un genio. En España no se ha valorado lo suficiente», dijo Bárbara Rey. Entre las autoridades, Rita Barberá, alcaldesa de su ciudad natal, Valencia, y la ministra de Cultura, Ángelez González-Sinde, quien consoló a una Concha Velasco muy emocionada. La ministra se marchó inmediatamente después de que finalizara el acto. Otras personalidades, como el vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, la portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, asistieron el sábado a la capilla ardiente a mostrar sus condolencias.

El sepelio, que se produjo minutos antes de las tres de la tarde de ayer, cerró dos jornadas muy intensas para los Berlanga. Desde que el sábado se instalara a las siete de la tarde la capilla ardiente en la Academia de Cine, de la que era presidente honorífico, cientos de personas se han acercado para despedirse. Almodóvar fue uno de los que estuvo ayer en la calle Zurbano y se lamentó de que «siempre hablemos de Billy Wilder. Si Berlanga hubiera hecho cine en otra lengua, el mundo entero se rendiría hoy ante su féretro». El director también confesó que «a la hora de hacer una comedia española es casi imposible evadirse de su influencia y de la de Azcona». Borau, por su parte, subrayó que «gracias a sus películas nos conocemos mejor». Para Manuel Gutiérrez Aragón, «era el mejor personaje de sus películas». Rita Barberá, que acudió ayer a la Academia de Cine, recreó las palabras de Pepe Isbert en «Bienvenido Mr. Marshall»: «Como alcaldesa tuya que soy vengo a darte las gracias y nunca a decirte adiós, sino siempre hasta luego». 


Sin excusas
Minutos después de que terminara el entierro, algunos grupos de amigos se quedaron reunidos junto al féretro. La lluvia persistente no se convirtió en excusa para nadie. Sólo un joven nieto del cineasta se sirvió de una manta para pasar un poco más templado el golpe de enterrar a un abuelo. Las flores abarrotaron el sepulcro: decenas de coronas lo adornaban de la misma manera que lo hicieron en la capilla ardiente. La Generalitat y el Ayuntamiento de Valencia, el Ministerio de Cultura, la Fundación Príncipe de Asturias, Fapae (que agrupa a los productores audiovisuales) y el pueblo de Guadalix son algunas de las instituciones que se sumaron a esta ofrenda floral.

Los aplausos al maestro, quien también los disfrutó en vida gracias al talento excepcional que lo distinguió, pusieron punto y final al gran homenaje de su vida, que no será el último, pero sí el que reunió en su entorno a estrellas y anónimos que, por encima de todo, agradecieron a Berlanga lo que siempre perdurará: su legado.



«¡Viva Berlanga!»
Desde el sábado a las siete de la tarde, el cine de Berlanga ha sido protagonista de la Academia más que nunca. Imágenes de sus películas y de su propia vida se sucedieron en el teatro de la calle Zurbano. Las páginas de los libros de condolencias rebosaban agradecimientos en los que la frase «gracias maestro» se repetía constantemente: «¡Viva Berlanga!» repetía la gente una y otra vez. «Luis, haz una película en el cielo y mándanosla», rezaba uno de los mensajes. Después de una actividad inusual en la sede de la Academia, a la una del mediodía de ayer los restos del fallecido partían para Pozuelo de Alarcón, sólo unos instantes después de que los asistentes se unieran en un gran aplauso al cineasta, de pie, en el cine de la calle Zurbano. En sus inmediaciones, Gonzalo Suárez destacó del director que «había conseguido pasar por la vida sin sentirse sometido». «Manejaba a los secundarios como un domador en la pista de circo», aseguró Manuel Gutiérrez Aragón. Pedro Ruiz, también presente en la capilla ardiente, explicó que «Berlanga no es un hombre. Es un adjetivo que viene a ilustrar el cine». Por su parte, Elena, la hija de Fernando Fernán Gómez, lo definió como «el grande con "G"mayúscula». En definitiva, la admiración protagonizó el homenaje que muchos, famosos y anónimos, quisieron rendir al cineasta.