El tongo

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España va a asistir mañana a un presunto pulso entre los sindicatos y el Gobierno que tiene un tufillo a tongo que tira de espaldas. Por si faltaba algo en la huelga-montaje, el sábado salieron a escena los subvencionados de la ídem, los actores, cantantes y escritores de la ceja que llevan haciéndole el caldo gordo a Zapatero desde el año 2003 con el «no a la guerra», el «nunca mais» y el aplauso entusiasta al llamado cordón sanitario por el que se quiso marginar al PP y sus diez millones de votantes de la vida política con la firma del Pacto del Tinell, uno de los episodios más infames de la democracia española. Si existía alguna duda de las verdaderas intenciones de CC OO y, sobre todo, de la UGT del cuarto vicepresidente, Cándido Méndez, no hay más que ver la cerrazón mostrada a la hora de negociar los servicios mínimos en Madrid, mientras que con el Ministerio de Fomento todo fueron facilidades. Los vídeos promocionales de la huelga-tongo ya lo dejaron muy claro. Se trata de darle leña a los únicos que son capaces de crear riqueza y por lo tanto puestos de trabajo, que no son otros que los empresarios, a quienes la reforma laboral les parece tan baja en calorías, tan descafeinada, como a los propios sindicatos, aunque jamás lo reconocerán públicamente. Por eso había que montar la huelga. Para salvar la cara del Gobierno y del PSOE cuando la caja de los truenos electorales está a punto de abrirse y no se va a cerrar hasta marzo del 2012. Hay que hacer creer a los potenciales votantes de la izquierda que se castiga a Zapatero, cuando el mensaje de verdad es demonizar a los patronos por su voracidad y a la derecha por haber realizado políticas neoliberales, y culparlos por ello de los cuatro millones de parados y el desastre de nuestra economía. El pobre presidente no ha tenido más remedio que aplicar la cirugía bien a su pesar ya que, como todo el mundo sabe, su especialidad es la homeopatía y la hipnosis. Lo malo es que cada vez que hay que salvar al soldado ZP nos cuesta un ojo de la cara. De nuestra cara de contribuyentes resignados. A los liberados no les van a descontar un duro del sueldo que no se ganan, pero al resto de los que mañana no vayan a trabajar sí. ¿ Y cuantos de los que no acudan a sus trabajos no lo harán por miedo a los piquetes coactivos? Cuando un Gobierno tiene la firme voluntad de garantizar el derecho al trabajo, como ocurrió con el de Aznar en junio del 2002, la huelga fracasó por más que la propaganda político-mediática-sindical nos quisiera hacer creer lo contrario. La convocatoria de mañana no se ha realizado para exigir que se creen las condiciones necesarias para generar empleo. Los parados les importan un bledo. El objetivo es crear una suerte de ilusión de protesta contra el Gobierno mientras se envían constantemente mensajes y consignas contra el PP y la patronal con un interés muy especial en hacer daño a Esperanza Aguirre, a quien como no pueden desalojar en las urnas por más primarias que se hagan, hay que denigrar groseramente. Por eso Pilar Bardem y el resto de sus mariachis de la «gauche divine» se han prestado al tongo, a la farsa. Pase lo que pase mañana, salvo que los piquetes hagan salvajadas, el Gobierno podrá venderlo como un triunfo de su talante hacia las clases menos favorecidas y todo ese rollo demagógico que llevamos soportando desde marzo del 2004.