Historia

Telecinco resucitará el pasado de Belén Esteban por Jesús Mariñas

En la cadena en la que trabaja Belén Esteban, y donde comparte protagonismo con el ya implacable Jorge Javier Vázquez, echan mano de archivo y resucitan momentos, situaciones o percances de la entonces más ingenua pero igualmente trepadora Belén.

Es el precio de la popularidad, una temible factura que le pasa su multimillonario contrato que cada tarde se gana con el sudor de su frente y con alarde de mucho morro. Sé que recurrirán a los veranos marbellíes, empujada por Cristina Blanco y Maika Vergara, ella las dejaba hacer y no rechistó ante las barbaridades que se les ocurrieron para «presentarla en sociedad», al punto de que una tarde gastó 400.000 pesetas en un conjunto de Terry Mügler para tratar de deslumbrar en una fiesta de Alberto Vidiella, dueño de Puerto Banús. Vidiella acaba de estrenar calle en sus dominios gracias al buen hacer del Ayuntamiento de Marbella, que espera que la ciudad recupere el esplendor de antaño. Estoy seguro de que muchos se acordarán de cómo al intentar acceder al festejo, a Belén le prohibieron la entrada, pero yo intervine y la colé. En aquel entonces compartía vecindad frente al Andalucía Plaza con la entonces «bruja» del famoseo, Cristina Blanco. Por sus consultas pasó lo más granado de la colonia y Ana Obregón siempre le pedía consejo, aunque se vió desbancada por la de San Blas, hoy tan aupada a los altares populares. En ese tiempo fingió haber recibido un reloj Cartier supuestamente obsequiado por un jeque árabe que se había prendado de la entonces poco más que niña. La triste realidad era que el reloj lo había comprado en El Corte Inglés entonces recién inaugurado en Banús. Le costó algo más de 400.000 pesetas. Lo paseó, lució y provocó envidias. Superado tal objetivo, intentó devolverlo. Pero ya no se lo admitieron y creo recordar que los almacenes sudaron para que abonase los plazos. Apenas reconozco a la Belén actual, un auténtico animal televisivo que ni ella misma imaginaba ser cuando tonteó con Miguel Ángel Muñoz, hijo de Cristina, que tenía entonces 17 años. El que Muñoz no tuviera la mayoría de edad la privó de un reportaje que proyectaban con bikinis, toqueteos y presunto romance. Este pasado a lo mejor le produce tanta nostalgia como sus años en «Ambiciones», un cortijo que le venía como anillo al dedo. Todo podrá salir a la luz y buena se pondrá la «princesa del pueblo».