El compromiso y la verdad del toreo asomaron por Badajoz por Antonio Corbacho

Una vez más, ayer tocó Badajoz, José Tomás reiteró su compromiso consigo mismo y con la verdad del toreo. Un sello de identidad propio que le hace siempre libre. Libre de no plegarse ante nada ni nadie, pues como él siempre dice: «Me debo al toreo y a mí mismo». Siempre que escucho a alguien decir, «me debo a mi público, sin él no sería nada», recuerdo esta filosofía de vida de José Tomás de la que me siento tan orgulloso. Tanto o más que cuando pienso en lo que es y en lo que ha creado. Siento una gran admiración por él y por la relación que hemos podido compartir, porque en una sociedad como la actual, que va falta de principios muchas veces, que una misma persona destaque por su valor, honradez, pundonor y hombría es mucho decir. José Tomás aglutina todo ello, dentro y fuera de la plaza. Porque la vida es mucho más que resultados, triunfos y reconocimientos personales.

Esa misma forma de ser la derrochó conmigo cuando nos conocimos. Demostró un compromiso muy personal tanto con la vida como con Antonio Corbacho. Recuerdo perfectamente la primera vez que le vi, en casa de Victorino Martín, apenas tenía 13 años. Era un chavalillo bajito, delgadito. Nos presentaron por medio de Antonio Cortés. No me llamó demasiado la atención. Incluso me parecía una barbaridad que ese muchacho se fuera a poner delante de esos animales. Pero, rápidamente comprobé que tenía una cualidad fuera de toda duda: era muy llamativa su capacidad para no amedrentarse, su valor. Aún sin la técnica que, además hasta le generaba también a él las lógicas dudas del que empieza a sentir cosas delante de un astado, su valentía suplía todo. Lo ocultaba. Un día, todavía estaba de becerrista, estaba tentando en la finca de Victorino Martín el maestro Ruiz Miguel. Una vaca muy astifina le cogió y cuando iban a retirar a la res, les dije que saliera José Tomás. Todo el mundo le decía que sólo le diera pases por el derecho, pero él insistió por el izquierdo. Voltereta a voltereta. Cinco veces le cogió y siempre volvió a ponerse con la misma mano hasta que el animal acabó regalándole 60 o 70 naturales extraordinarios. Ése es José Tomás. Ni más ni menos. Libertad indomable e inabarcable. Verdadera. Ahí reside su secreto y, por ello, despierta un fervor que nadie puede igualar.

Antonio Corbacho
Apoderado