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Penetras

El penetra es el gorrón estival. Se encaja en una casa cómoda y agradable y no hay manera de echarlo

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El penetra es el gorrón estival. Se encaja en una casa cómoda y agradable y no hay manera de echarlo. Por lo normal es un cincuentón que acaba de perder a su madre, con la que merendaba en Embassy todas las tardes. Su situación de reciente orfandad sensibiliza a los amigos. Hasta el fallecimiento de su madre, veraneaba con ella en Biarritz. Allí merendaban en Dodin o Miremont, y alguna tarde en el Palais. Pero sin su madre no quiere volver a Biarritz. «Ven a pasar unos días con nosotros a Ribadesella». Y el penetra se presenta en Ribadesella el 5 de agosto y se queda todo el mes. El penetra se da también entre los jóvenes. «Papá, ¿puedo invitar a mi amigo Andrés?»; «sí, pero si viene en tren o en avión que te enseñe el billete de vuelta antes de dejarlo entrar»; No es posible. Ha viajado en coche. El amigo se caracteriza por llegar todas las noches bastante borracho a la casa que lo acoje, comerse todo lo que hay en la nevera y levantarse al día siguiente a la hora de comer con semblante de humor agrio. No valen las indirectas. «El sábado se llena la casa». Y el sábado permanece. «Mañana no cabe en casa ni un alfiler». Él es el alfiler y cabe. Y en septiembre comenta: «Qué pena que se acabe el verano. La verdad es que vuestras vacaciones son demasiado cortas».

También hay penetras procedentes del sacerdocio. Hay curas que saltan de un lado a otro en localidades de veraneo alejadas de la pobreza y las necesidades. Y penetras inesperados. Como el que se topa con un viejo amigo en la plaza del lugar y éste, incauto, le pregunta: «¿Qué haces aquí?»; «pues buscar un hotel, pero todo está hasta los botes»; «tengo la casa bastante llena, y mañana vienen el resto de mis hijos, pero esta noche, encantado de que duermas en casa». Y el penetra ingresa en la casa por una noche y se queda diez. Como en el viejo cuentecillo del fresco. «Hija mía, abre la ventana para que entre el fresco», y el fresco entró y se quedó toda la noche.

El penetra o gorrón o jeta es malo para la salud. La salud mental, la salud física, la salud social y la salud espiritual. A los tres días se desea fervientemente que se caiga por las escaleras y se pegue un morrón. La marquesa de Rampaduy los expulsaba sin contemplaciones, pero como aquella marquesa no queda nadie. «Haga usted el favor de marcharse inmediatamente o llamo a la Guardia Mora del Caudillo». Cuando Franco eliminó a la Guardia Mora, amenazaba con la Secreta. «Fuera de aquí o llamo a la Secreta y les digo que eres de la cáscara amarga».

Un penetra bien planificado, sea huérfano cincuentón, amigo de los hijos, seglar o religioso, puede pasar el verano de gorra toreando en las mejores plazas. Cuidado con ellos. Son capaces de seguir cuando los dueños se van.