OPINIÓN: Amar

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

Amar, poder amar, saber amar siempre… es el secreto de la vida. A veces pensamos que no somos felices o que la vida es injusta, porque «no nos aman». Dos errores; el primero es que, siendo sinceros, deberíamos decir «no siento que me amen», porque en tantas ocasiones es una apreciación muy personal; el segundo es pensar que si me amasen yo sería feliz, porque en realidad somos un pozo sin fondo en nuestro deseo de ser amados, al tiempo que muy limitados en nuestra capacidad de amar. La verdad es que sólo es plenamente feliz quien puede y sabe amar, es decir, quien se expropia de sí por el amado, quien se entrega y dona sin reservas.
Alguno se preguntará: «¿Cómo hacerlo?... porque yo quiero amar, pero no sé y no puedo». Jesucristo nos da la clave: el Padre nos amó primero, y por eso puedo amar y se puede «mandar el amor»: «No me habéis elegido vosotros a mí, yo os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto… Lo que os mando es que os améis los unos a los otros» (Jn 15, 16-17). Hoy el evangelio nos presenta el núcleo de la vida cristiana, el dos en uno: sólo hay un mandamiento, que presenta dos aspectos, «amor a Dios» y «amor al hombre», grandeza y misericordia de Dios-Amor y realización concreta en el amor al hermano, en especial al más necesitado. Del primero se deriva el segundo, y el segundo es la certificación de que el primero es verdadero. Amar a Dios y amar al prójimo son las dos caras de una misma moneda; si falta una de ellas la moneda es falsa. La vida cristiana es vertical y horizontal a un tiempo y si no, o no es vida o no es cristiana.
Vuelvo al comienzo: el gran problema del hombre es poder amar… y no ver en Dios un dictador, en el prójimo un rival, en la naturaleza un enemigo, en la propia historia un desastre, en la vida un rollo... Por eso, toda discusión entre la preeminencia de amar a Dios y amar al prójimo es irreal y farisaica: tras esa discusión hay siempre un corazón que se repliega sobre sí. El problema radical que el hombre ha de afrontar es su escasa capacidad de amar. Lo que el hombre necesita es descubrir la raíz y la fuente del amor, porque si quiere vivir tendrá que amar, y esto le resulta imposible. Y la raíz del amor no está en la innegable buena voluntad humana… El Amor es Dios, nace de Dios, nace de verse cada día querido y perdonado por Él en la propia miseria, y llamado, además, a ser su hijo. El amor no lo producimos, se nos da. Y cuando se recibe… se expande en toda dirección: Dios, hombres, naturaleza, vida…
Esto es lo que han comprendido bien tantos hermanos nuestros, Misioneros en lejanas tierras, que, ungidos por el Amor de Dios y movidos por el Amor al hombre, sirven a las comunidades más pobres. Y hoy, día del Domund les recordamos, y oramos por ellos y con ellos. «Así os envío yo», es el lema de este año.

Luis Emilio Pascual
Capellán de la UCAM