Badajoz

Milagro en Las Ventas

Rafaelillo maquilla una mala corrida de Adolfo Martín

Tras el tercero, la juventud reivindicó su afición por el toreo
Tras el tercero, la juventud reivindicó su afición por el toreolarazon

«Aviadorito» nos puso ante los ojos, de pronto, sin anestesia la versión más dolorosa de una corrida de Adolfo. Salió el toro de toriles con esa inmensidad en su cabeza que arrancaba el aplauso, aplauso fácil, cual pase de modelos. Y la tregua duró un suspiro. A Rafaelillo le debió parecer menos todavía. Andaba el torero murciano parando al toro, todavía en ésas, cuando el de Adolfo se cruzó como un criminal directo a por él en un tú a tú nefasto. Saltó al callejón Rafaelillo y su banderillero José Mora, que fue a hacerle el quite, lo pagó caro. Espeluznante cogida, interminable en el tiempo, de un pitón a otro, y suerte que de cornalón el toro hundió el pitón «sólo» en el muslo. La cogida era dramática. Desgarradora desde el tendido. Sólo ponerle después la muleta y no salir corriendo parecía un ejercicio de infinito valor, de una honradez que debería encontrar premio. Y una vez más, la historia se repitió: Rafaelillo tragó. Valor seco para soportar que aquello fuera, sin saber muy bien el cómo ni el dónde. Por sorpresa el toro se dejó más de lo imaginado en las primeras tandas. Las que hilvanó el torero hasta que el toro negó cualquier atisbo de toreo.

Media cumbre
Cumbre fue la media verónica con la que abrochó el saludo de capa al cuarto, que era un «tiarrón» también con pitones kilométricos apuntando al cielo. Rafaelillo no desistió nunca de la lucha, que en eso se convierte el toreo cuando hay que sortear la embestida traicionera. Qué estrés. Aunque nada se parecía al amargor que nos había impuesto «Aviadorito», al que no recordaremos por bueno. Se esmeró Rafael con el cuarto. Apostó para sacar partido a esa media arrancada que al menos descolgaba por abajo y lo consiguió. Exigía pero era agradecido. Mérito suyo. Bochorno sintió cuando la espada se le fue a los bajos más bajos (mejor no pensarlo) y de ahí sacó el acero para fuera. Ya era tarde, el toro había encontrado la muerte y a Rafaelillo se le turbió el premio.

Casi hasta noblón pareció el segundo. Que iba por abajo, que no quería comerse al torero ni por los pies ni por el pecho, pero punto sosote como para que aquello tuviera notoriedad. Antonio Barrera cumplió. Lo intentó, buscó, pero el encuentro no era como para tirar cohetes. Peor se lo puso el quinto, que parecía dormido, o se lo hacía. Hasta que Barrera se descuidó y le marcó la taleguilla como un navajazo. Ni así transitábamos la emoción.

A Serafín Marín no se le vio a gusto con un lote deslucido. De arrancadas desiguales, inciertas, sin entrega. En una pasaba el envite, en la otra se quedaba abajo. Se apagó Marín sin encontrar el sitio.

Justo después de que Serafín lidiara su primero, un grupo de jóvenes aficionados reivindicó la libertad de la Fiesta. Les acompañó el resto de la plaza al compás de las palmas. Una fiesta por la que se llenó Madrid de nuevo. Tres tardes consecutivas para despedir Otoño y empresa. El engorroso invierno nos arrojará un nuevo gestor. Corridas así, pasadas de años, mediocres de entrega... No ayudan. Demasiada pelea para poco toreo. Si no echamos cuentas a lo que suma la honestidad, apenas nada quedó en el ruedo que nos acompañe en el camino de vuelta a casa. Qué decir mañana. Quizá la media verónica que Rafaelillo robó al cuarto. Pues eso, un robo y el milagro que salvó del drama a José Mora.


Grande talavante

Alejandro Talavante saldó su encerrona en la plaza de Zafra (Badajoz) con un triunfo rotundo: nuevo orejas y un rabo que cortó al sobrero, séptimo ejemplar de la tarde, que regaló. Se lidiaron toros de Zalduendo, Núñez del Cuvillo, Gavira, Victoriano del Río, Cayetano Muñoz y Daniel Ruiz. El balance de Talavante fue: oreja, oreja, dos orejas, saludo, oreja, dos orejas, y dos orejas y rabo en el sobrero, según informa burladero.com.
 

- Madrid. Última de la Feria de Otoño. Se lidiaron toros de Adolfo Martín, muy cornalones. Manso y malo el 1º; noble y sosote el 2º; 3º, 5º y 6º, sin ninguna clase ni transmisión; 4º, de media arrancada y humillador. Casi lleno.
- Rafaelillo, de azul pavo y oro, estocada (saludos); aviso, metisaca feo (saludos).
- Antonio Barrera, de caña y oro, estocada trasera y caída (silencio); dos pinchazos (silencio).
- Serafín Marín, de rosa y oro, estocada, dos descabellos (silencio); media, tres descabellos (silencio).
Parte médico del banderillero José Mora: cornada de 15cm. en el muslo derecho.