Morante y Manzanares: entre Madrid y Sevilla

Morante de la Puebla y José María Manzanares son dos de los diestros que se encuentran en mejor momento. Tras su positivo paso por Sevilla, ahora deberán corroborar lo hecho anteriormente.

Morante y Manzanares: entre Madrid y Sevilla
Morante y Manzanares: entre Madrid y Sevilla

Tradicionalmente las relaciones entre Sevilla y Madrid oscilaban entre el prestigio y el poder de una y otra para los toreros. Si el coso venteño ha sido el que ha establecido las jerarquías y las cotizaciones en el Ibex de los toreros, el albero maestrante da más vitola a sus triunfadores. Este, como muchos tópicos, se ha matizado porque Madrid ha adorado siempre a los toreros artitas y ha valorado como casi ninguna plaza la belleza y la plástica de algunos lidiadores. Por eso no es extraño que Morante de la Puebla sea hoy torero predilecto de la parroquia isidril. Heredero en el aprecio de otros andaluces como Manolo Vázquez, Curro Romero ó Paula, el genio sevillano ha entrado en Madrid definitivamente. Su explosión con el toreo de capa ante un Juanpedro en la pasada Feria de San Isidro 2009, auténtica antología del primer tercio, la verónica y suertes reinterpretadas y amorantadas, selló un matrimonio artístico indisoluble. Como dijo en los mentideros el moderno Joselito, esa tarde, Morante debía haber seguido toreando de capa la totalidad de la faena. Dicen los viejos que quizá nadie ha toreado con mayor hondura, duende y asombrosa técnica capotera que esa tarde mágica.Pero no sólo. Pues el gesto de las encerronas con seis toros que el de La Puebla había protagonizado en Las Ventas, simbolizaba un compromiso en la declaración de intenciones. ¡Cómo olvidar el sexto toro de aquella Beneficencia en la que Morante completó tres tercios, incluidos unos pares de banderillas, puros, muy puros y ya para la historia! E incluso, en su vertiente de ángel caído, aquella borrascosa, pero también fundacional para el hombre y el torero que fue el gris Domingo de Resurrección madrileño, que motivó el apartamento y la reflexión morantista.Morante es hoy el elegido junto a José Tomás. Torero de prodigiosa técnica, de sutil y raro desparpajo ante el toro, a lo que se une un valor sin cuento, como el que protagonizó esa ya importante tarde sevillana frente a un sobrero de Javier Molina el pasado 19 de abril. Su heterodoxia, su sello de torero dentro y fuera de la plaza, su absoluta fantasía creativa ante todo tipo de astados, le concede una personalidad como pocos poseen en el hilo del toreo.Veo a Morante de la Puebla el sentir el toreo de una manera distinta, es experimentar una ilusión con cada aparición suya en la cartelería. La s dos tardes de Madrid, colocadas estratégicamente en la cumbre de una temporada morantista que si se acerca a la de 2009 será de una variedad, de una profundidad incomparables. Antes de esto, se enlazan la tarde de Vistalegre, un toro en Valencia, el Domingo de Resurrección sevillano… y cuántos paseíllos sueña, y se inventa el torero de las patillas. Su apoderamiento esta temporada a cargo del sabio medido y poco locuaz que es Curro Vázquez, va a coadyuvar sin duda, a que a la marca de artista total se sume un eslabón más como torero para toreros e iniciados.A diferencia del de La Puebla del Río, Jose María Manzanares todavía no ha entrado en Madrid. Heredero tal vez de la injusta animadversión que ya sufría su padre por el público más doctrinario de la plaza venteña, el alicantino tiene la oportunidad de exponer sus argumentos que, estos sí, han cuajado significativamente entre los cabales sevillanos. Su concepto de la lidia, su particular sentido del temple, le han granjeado la incondicional devoción hispalense, pero mucho nos tememos que merezcan cierta incomprensión capitalina. La colocación frente al toro, su sentido fluido de los desplazamientos del burel y esa suerte de toreo frágil y cadencioso, deberían ser pasaporte suficientes para el triunfo y la afirmación manzanarista. Mucho garbo, mucho toreo por bajo es lo que encierra la tauromaquia del nuevo Manzanares. Su profundidad es tan transparente, es tan fácil dentro de su complejidad que muchos largones desinformados calificarán como propio de un toreo aliviado. Suave, muy suave, como el terciopelo que al propio tiempo rasca, como el bouquet de algunos vinos, dejan un extraño post gusto. Todo lo contrario, pues el sentido estético de Manzanares entronca con fuentes tan señeras, no sólo con la de su predecesor, sino nada menos con el maestro de Ronda, Antonio Ordóñez, temple, mucho temple, mucho ritmo interior, vencido ya esa inicial carga aparente de esfuerzo que tenía este diestro temporadas anteriores. Seguramente, la madurez, una más indiscutible asunción del valor como postulado, permiten hoy a este torero y a su impecable mano diestra configurarse como uno de los reclamos artísticos del pobre serial isidril.Morante y Manzanares, Manzanares y Morante, dos rostros de una misma pero muy distinta realidad taurina. Toreros de clase, de innegable presencia deslumbrante, harán juntos el paseo en uno de los carteles más atractivos de la feria como es el 21 de mayo. Con la gozosa pero ya añeja anécdota de Aparicio por delante, los dos recientes triunfadores de la Feria de Abril, junto a El Juli, deben mostrar armas y bagages del clasicismo trufado de originalidad. Los dos coletas resumen esa añeja dialéctica taurina de tradición y modernidad.