Arquitectura

María Pagés cierra el Niemeyer

Un conflicto entre el Gobierno regional y el Centro pone en peligro su continuidad

La coreógrafa, en un momento del espectáculo
La coreógrafa, en un momento del espectáculolarazon

Avilés -Medio año ha durado la historia de amor entre el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer y el Principado de Asturias. Quién le iba a decir en mayo al veterano maestro de las cúpulas y las líneas de hormigón que, a sus 103 años, aún viviría para ver el cierre de su recién abierto centro en Avilés. Pero hasta aquí parece haber llegado, cambio de Gobierno mediante, un proyecto que en este tiempo ha promovido exposiciones, conciertos y actuaciones de nombres como Yo-Yo Ma, Jessica Lange, Carlos Saura y Kevin Spacey. El último parece que será el de la coreógrafa y bailaora María Pagés, y de forma significativa, ya que «Utopía», su nueva creación, precisamente inspirada en la figura y la obra del brasileño, puede ser la última producción del Centro.

¿Cultura-espectáculo?
Ayer, en la presentación de la pieza, el director del Niemeyer, Natalio Grueso, habló sin tapujos de las causas: «Cuando se empieza a construir este edificio se decide que la gestión la lleve una fundación mixta, con participación pública y privada, con el objetivo de que no sean las arcas públicas las que tuvieran que hacerse cargo del mantenimiento de la programación –explica Grueso–. En esa Fundación participan el Gobierno de España, el de Asturias, el Ayuntamiento de Avilés, la Autoridad Portuaria y una serie de empresas privadas y personalidades... El Consejo del anterior Gobierno inicia el expediente de cesión y lo aprueba por un año en tanto en cuanto se ultimen los edificios y los reciba la Administración, para entonces, dar la concesión a 50 años. Ese periodo de un año termina ahora, y el nuevo Gobierno que se niega a realizar la cesión». ¿El resultado? «La Fundación se ve obligada a parar sus actividades al no tener base jurídica para seguir operando en estos edificios».

En cualquier caso, espera que sea el flamante presidente del Principado el que solucione la situación en persona, sin posibilidad de intermediarios en el área de Cultura: «El consejero de Cultura está totalmente desautorizado. Hizo unas declaraciones en las que decía que todo lo que se hacía aquí era cultura-espectáculo, que ni era cultura ni era nada. Se refería a Carlos Saura, Julian Schnabel, María Pagés, Kevin Spacey, Paco de Lucía... Llegó a decir que Cristóbal Gabarrón era una vergüenza para los artistas: los insultó. Este señor, que ha dirigido el Museo de Bellas Artes de Asturias, uno de los tres con peor ratio de visitantes de España, ha pasado la raya de la educación».

Así, y a falta de un acuerdo, «Utopía», de Pagés, bajará el telón definitivamente. «Moito bonito». Las palabras de Niemeyer debieron de sonarle a gloria a la bailaora, y se abrazaron emocionados. Acababa de arrancarse a bailar, aunque jura y perjura que no es algo que a ella le guste hacer. Pero allí, en el estudio del Niemeyer, cuando le decían al arquitecto que debería ver a la Pagés bailar cuando fuera a España, «me entró una impaciencia brutal. Me dije, ¿por qué esperar si ya estoy aquí?». Corría el pasado 25 de marzo y acababa de conocer a una leyenda viva de la arquitectura en su hogar de Río de Janeiro.

Cosas del destino
Su vínculo, sin embargo, venía de lejos: «Ya conocía su obra. Cuando me dijeron que había pasado los cien años, me sorprendió. Y me fascinó su coherencia». El destino, cuenta, la llevó un domingo en Madrid de nuevo a Niemeyer: «Llovía un montón, pero quería pasear. Me iba refugiando de un portal en otro, hasta que vi un cartel que anunciaba una exposición suya. Era el último día de la exposición y vi un mundo que no me podía imaginar, su obra en proceso creativo, la poesía que había en cada cosa... Me di cuenta de que se me saltaban las lágrimas. Llamé a Natalio Grueso y le dije que teníamos que hacer algo».


Entre pasos y edificios
«Todas las artes están conectadas y se alimentan unas de otras», explica la coreógrafa sobre el maridaje entre el corte en sección de un edificio y el zapateado de una soleá. Aunque matiza: «El proceso creativo no varía tanto: si te enseño mi cuaderno verás que está lleno de garabatos, y el proceso de Oscar también empieza ahí: Hace primero unos trazos elementales, luego añade una explicación escrita, después lo vuelve a desarrollar en otro dibujo con más detalle. Y, si ese dibujo le gusta, pasa a la parte técnica del proyecto. Yo, en mis obras, hago también un poco eso: concibo un espacio, una música, unos movimientos coreográficos... Y escribo sobre eso. Lo traduzco luego a una composición de movimientos con una estética».