Champions League

Esta Liga es de Ronaldo (3-2)

La fe de Cristiano mueve montañas, hizo el 1-1 y en el minuto 89 marcó el 3-2. Osasuna pudo adelantarse por tercera vez, pero Masoud tiró fuera

La «ansiedad» ¿reconoció Valdano¿ produjo en el Madrid falta de solidez defensiva. Ramos, en la imagen, se mostró dubitativo
La «ansiedad» ¿reconoció Valdano¿ produjo en el Madrid falta de solidez defensiva. Ramos, en la imagen, se mostró dubitativo

Madrid- No sé a qué juega el Madrid, quizá con fuego, sobre todo; pero gana. Frente a Osasuna rozó la chamusquina. Dos veces fue perdiendo, no sólo el partido, también el campeonato; la primera empató Cristiano Ronaldo; la segunda, Marcelo, y cuando el encuentro agonizaba y el Bernabéu gemía de impotencia y silbaba, Ronaldo de nuevo marcó. Suyos fueron el 1-1 y el 3-2, y las mejores carreras y los disparos más peligrosos. Suya es la Liga, si es que su equipo no la tira, si es que alguna vez consigue cazar al Barça. Con sus trazas, con estos viajes de riesgo extremo en la montaña rusa, resulta difícil creer en la remontada.El fútbol del Real Madrid no está en los libros de texto, ni en el manual del buen entrenador ni en el del aficionado perpetuo –podría hastiar–. El fútbol del Madrid es un cuento que descubrieron rivales tan dispares como el Alcorcón o el Olympique de Lyon, pero que fructifica por la calidad de sus individualidades. Manuel Pellegrini las pone y las quita, premia y destierra, y al situarlas en el campo, cuando lo que se espera es armonía y conjunción, surge el lío padre. O todos por el centro, o falta de apoyos, o ausencia de solidaridad y de ideas, o defensa desguarnecida y, sin embargo, puntos a mansalva, goleadas por doquier y triunfos balsámicos, paliativos, demasiado lejos de la fórmula ideal, de la curación.El Madrid no sale del atolladero, de los líos en que se mete, con el virtuosismo que reclama su inversión. Debería ser mucho más que sus figuras; pero no puede, es incapaz de sobreponerse al glamour. No le da el esquema para más. Juega un partido semanal y debería arrasar, incluso al Barcelona, capaz de disimular contra el Villarreal el cansancio que le delató frente al Inter. Todo este trajín metafísico no es por el gol de Aranda,un accidente. Ramos arriesgó en el pase a Albiol y éste, central superlativo, retrasó flojo, el de Osasuna aprovechó la maldita cesión y superó también a Casillas. El 0-1sembró el pánico en el graderío y el sueño madridista, porque la Liga es un sueño tan frágil como su fútbol, ardía por los cuatro costados. El Madrid acaricia el título, menos que el Barça, el líder, pero lo persigue, lo sueña. Tenerlo tan cerca le despierta, en ocasiones, antes de tiempo y la fantasía salta hecha añicos. Surge entonces Cristiano Ronaldo, como un titán, el genio de la lámpara, y retorna la calma..., chicha. El 1-1 se lo inventa él. Coge el balón, vuela bajo, deja rivales tirados, se interna,ve al portero, dispara ajustado al palo y marca. Fiesta en las alturas. «CR9» devuelve la fe al madridismo y la emoción a la Liga, que es suya. E intenta repetir la jugada; chuta y chuta; esporádicamente combina con algún compañero. Kaká es quien le sigue en el minuto 35. El brasileño recupera la pelota en su defensa, hace la pared con el portugués, sube, centra y el disparo de Granero sale a córner. Parece que el Madrid se impone y, de repente, desfallece.El centro del campo es tan liviano que a Osasuna no le cuesta desbordarlo y superar también a la defensa. Por arriba, la zaga blanca no se entera; otra vez Aranda interviene, pasa con alguna dificultad y Vadocz remata sin que Xabi lo impida. Casillas se desespera, pide más atención, más concentración, más solidaridad, y el equipo arranca de nuevo. Granero recibe arriba, centra y Marcelo mete la cabeza entre Azpilicueta y Roversio. Ricardo, inspirado ante Ronaldo, no puede detener el remate del lateral. Incomprensiblemente, el Madrid juega a remolque de Osasuna, del equipo que alineó Camacho pensando en el partido del miércoles contra el Deportivo... Ni siquiera convocó a Pandiani. No lo hizo para dar facilidades al Madrid, pensaba en su Liga, sin despreciar entrometerse en la que disputa su club de toda la vida.Quedaba un tiempo para engancharse al campeonato, lo intentaba el Madrid, y entre los agobios de Ricardo a Casillas se le abrió el cielo, cuando vio a Vadocz y a Masoud delante de él; cualquiera podía marcar, pero el iraní tiró fuera. Olió Pellegrini la derrota y aceleró los cambios. A los 85 minutos sorprendió al meter al canterano Juanfran por Gago. Acertó al no quitar a Ronaldo, o a Higuaín. El argentino, al fin, apareció, centró y el portugués hizo el 3-2 de cabeza. Cristiano estaba allí, era el minuto 89, y acercó la Liga a Madrid cuando ésta desaparecía camino de Barcelona.

«Cristiano Ronaldo se parece al Real Madrid» Cristiano Ronaldo hizo el primer gol madridista, el que empataba el duelo, y también marcó el de la victoria, que permite que el Madrid pueda seguirle peleando la Liga al Barcelona. Tiene «mucho mérito» la primera temporada del portugués en Chamartín. Ya nadie lo obvia, pese a que «CR9» sea objeto de filias y fobias variadas, y tras el encuentro lo remarcó Valdano. «Cristiano Ronaldo se parece a los valores del Real Madrid y el público del Bernabéu lo sabe detectar, por eso cada vez que coge la pelota le pide más que a cualquiera y él casi siempre suele responder», añadió el director general, quien además quiso destacar el triunfo como un nuevo «capítulo de ese valor sobresaliente que tiene el Real Madrid para revivir cuando todo el mundo le da por muerto». Ronaldo coincidió en que «ganó la entrega y la garra». Admitió que el equipo no había jugado bien ante un conjunto «organizado y con un buen entrenador». Siguen –dijo él– con la «ilusión de ganar, pero el Barça está muy fuerte. «Ya veremos», suspiró.Por su parte, Camacho lamentó la «fatalidad» que acompaña al equipo al respecto de la ocasión que falló inexplicablemente Masoud. «Vi tan fácil el gol de Masoud que hasta miré para otro lado».

Ramos, mal en el 200Sergio Ramos cumplía ayer su partido 200 en Liga, pero la actuación del sevillano no estuvo a la altura de lo que de él se espera, pero tampoco Albiol ni Arbeloa –sólo Marcelo mantuvo el tono habitual–, dieron seguridad al equipo. La zaga madridista, con Ramos de central ayer, se mostró dubitativa. De un error de Albiol en la entrega a Casillas nació el gol de Aranda que abrió el marcador. También el central valenciano, como Xabi Alonso, falló en el gol del húngaro Vadocz. Por su parte, Arbeloa se vio desbordado en varias ocasiones. Pellegrini, pese a tener a Garay y Metzelder en el banquillo,no retocó la defensa.