Eurocopa

Rojo por aquí rojo por allá

Lissavetzky volvió al palco. El Príncipe: «Enseñad más los dientes»

Aficionadas chilenas y españolas compartieron las gradas del estadio Loftus Versfeld
Aficionadas chilenas y españolas compartieron las gradas del estadio Loftus Versfeld

PRETORIA- Suráfrica tiene tres capitales, Pretoria, la administrativa; Bloemfontein, la judicial, y Ciudad del Cabo, la legislativa. Tras el final del conflicto anglo-boer, holandeses e ingleses se pusieron de acuerdo para levantar el Union Building, la sede del Gobierno, en Pretoria. El edificio está situado en una colina; a sus pies, un parque presidido por la figura ecuestre de Louis Botha. Es lugar de visita obligada para el turista. Pues bien, ni españoles ni chilenos en dos kilómetros a la redondo y eso que durante el día el termómetro rondó los 20 grados.Desde España a Suráfrica hay 8.265 kilómetros. La distancia es considerable, diez horas de vuelo directo, pero no menos imponente que el precio del viaje o las noticias que circulan sobre la seguridad en el país. Sin embargo, durante el Mundial, y cruzamos los dedos, de los 50 asesinatos diarios se ha pasado a los goles que no se meten Brasil y Portugal, a la eliminación de Italia y al ridículo de la Francia de Doménech.De los millones de seguidores de «La Roja» apenas unos 2.000 se citaron en Pretoria. Estuvieron liderados, como sucedió en la primera jornada ante los helvéticos, por Jaime Lissavetzky, el secretario de Estado para el Deporte. No hubo más representación española en el palco, salvo la de Ángel María Villar, y la compañía de Emilio Butragueño.El graderío del Loftus Versfeld, sin embargo, era rojo. Rojo de España y rojo de Chile, cuya selección sí que conservó el uniforme original. El equipo de Vicente del Bosque, que llegó al estadio a las siete de la tarde, salió con la segunda equipación, azul, y cuando saltó al campo fue la locura. A 45 minutos del comienzo, con menos de media entrada en el estadio, el sonido de las puñeteras «vuvuzelas» se elevó al cielo de Pretoria. ¡Milagro! Sonaba como si el recinto estuviera a reventar... Mirando al frente, detrás, a los lados, apenas se apreciaban espectadores con las pesadísimas trompetillas; pero sonaban y sonaban... No hay tal milagro. Es tan sencillo como colocar una cinta en una casette y dar rienda suelta a la megafonía. El rumor terminó por confirmarse.Los Príncipes de Asturias en esta ocasión se perdieron el espectáculo «in situ»; pero desde Madrid no dejaron de apoyar al equipo nacional. Don Felipe recibió la Medalla del Rector de la Wharton School y, tras dar la enhorabuena a Estados Unidos por entrar en los octavos de final, animó a la selección española con estas palabras: «Hay que enseñar más lo dientes».