Conciliación

El baño de Pablito

La Razón
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Cada vez que el Gobierno, abducido por Montesquieu, dice preocuparse por nosotros empiezo a temblar. Entrando donde no les corresponde y usurpando el rol paterno. Anuncian una Ley de Seguridad Alimentaria con corte de Gestapo en la que airean su machacona vena prohibicionista, esta vez, contra las hamburguesas y la bollería de las máquinas expendedoras de los colegios.
Ni que los niños fueran idiotas y no pudieran agenciarse lo que se les niega en clase en cuanto salen de ella. Pero eso ya no les importa. Cuando estén fuera, que les den, deben pensar. ¿Dónde está el interés de esta medida?, ¿dónde la eficacia? Suena hipócrita.

Además, les preocupa que los regalos promocionales de la comida basura inciten a los niños a consumirla, ya que son vulnerables y víctimas del oportunismo consumista, y sin embargo no les importa que la publicidad utilice oportunistamente a los niños para vender hipotecas, coches, adsl o ambientadores para el baño de Pablito.

Eso sí, si Pablito se zampa un Bollycao se le quita de un zarpazo gubernamental. Tal y como está el patio, Pablito puede secuestrar, violar y matar a una amiguita, entrar en coma etílico, fumarse media selva colombiana, organizar un botellón y cargarse a tres de cinco puñaladas, pero sacar un Tigretón de la máquina de su colegio, jamás.

Les preocupa que los niños sean obesos, pero que roben o maten parece motivarles menos y en vez de darse aire en redactar una nueva Ley del Menor, invierten tiempo y dinero (ese que no hay) en experimentos que deberían hacerse en casa y con gaseosa, a no ser que también la prohíban.