Ponce: «La Fiesta Nacional es tan grande que se defiende por sí sola»

El diestro de Chiva expresó ayer, en los encuentros «La Razón de...», su ferviente apoyo a una profesión que «ama y hace emocionarse» sin necesidad de una defensa directa de los ataques que sufre en los últimos tiempos

De izq. a dcha, J. Antonio Vera, Carlos Rodríguez Quiroga, J. Antonio Sánchez, Eduardo Zaplana, Silvio González, Ana Botella, Mauricio Casals, Esperanza Aguirre, Paloma Cuevas, Joaquín Parera, Victoriano Valencia y Santiago Barreno
De izq. a dcha, J. Antonio Vera, Carlos Rodríguez Quiroga, J. Antonio Sánchez, Eduardo Zaplana, Silvio González, Ana Botella, Mauricio Casals, Esperanza Aguirre, Paloma Cuevas, Joaquín Parera, Victoriano Valencia y Santiago Barreno

LA RAZÓN fue ayer de Enrique Ponce. El torero valenciano visitó la sede de este diario para defender a capa y espada la Fiesta Nacional: «El Arte entre las artes», tal y como tituló su intervención.

 «Muchas gracias querido Alfonso por unas palabras tan bonitas hacia mí, de una persona a la que guardo un profundo respeto y admiración. Quisiera agradecer a LA RAZÓN este reconocimiento que hoy se me da de estar con todos ustedes y la oportunidad de poder expresarme como torero y el sentimiento que tengo. Buenas tardes Excelentísima Ana Botella, ilustrísimos y queridos amigos, también quiero agradecer de manera especial al presidente Mauricio Casals su presencia con nosotros. El título del discurso que voy a exponer lo he titulado "El toreo, el Arte entre las artes". Quiero que se vea la vinculación y la relación que el toreo siempre ha tenido dentro de la Cultura y de los distintos ámbitos artísticos. Por eso lo he llamado así, porque siempre he visto y sentido el toreo como algo bello y artístico. Nunca lo he concebido como una lucha entre el toro y el torero, aunque fuera ése su inicio, para mí el toreo es el Arte entre las artes.

 No es de extrañar pues que grandes genios literarios y artistas de todos los ámbitos, se hayan inspirado y se sigan inspirando constantemente en el toreo para realizar grandes obras de arte. Piensen lo que sucedería si en Inglaterra existiera una fiesta popular que hubiera hecho a Hemingway dedicarle varios de sus libros. Piensen que en Estados Unidos existiera una ceremonia tradicional que hubiera merecido una serie de litografías de Picasso o de Goya. Piensen que en Alemania existiera una costumbre de sus pueblos que poseyera tal fuerza que Bizet le hubiera dedicado una ópera universalmente conocida. Esa hipótesis existe y se convierte en realidad en el legado de la cultura española. Y tiene un nombre que no necesita traducción: Fiesta Nacional. Tan presente en todas las Bellas Artes.

 Si nos parásemos a pensar en una tarde de toros, se conjugan todas estas artes. La música, que suena de fondo ante una gran faena. La escultura, que se materializa en cada uno de los lances o suertes del toreo en embroque de onírica torería. Con la diferencia de que esa escultura irrepetible cobra vida, emociona más que ninguna otra y permanece en nuestra retina sin que nunca jamás se pueda volver a ver.

 (...) En la pintura, porque como dice mi amigo el maestro Botero: "Una corrida de toros se pinta sola, ya que tenemos todo el colorido y la luz del mejor de los cuadros", quedando esto de manifiesto en las tauromaquias de Botero, Picasso, Goya, Roberto Domingo o del actual y también afamado Miquel Barceló. Está presente el toreo en la poesía, porque algo de extraordinario tiene que ocurrir en el ruedo a las cinco en punto de la tarde, la hora mágica del toreo, para que un genio como Federico García Lorca se inspirara para dar fruto a uno de los más grandes poemas de la literatura universal: "Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías". O para que en la obra de Rafael Alberti figuren numerosos poemas taurinos y sintiera incluso la íntima necesidad de vestirse de luces y hacer el paseíllo en la cuadrilla de Sánchez Mejías en la plaza de toros de Pontevedra en 1927. En la ópera, Bizet convierte en héroe de una historia universal de amor y de celos a un torero en "Carmen". En el teatro, también el toreo asume una parte de su escenificación, porque de alguna manera el torero se convierte en actor con la diferencia de que en el escenario del ruedo se muere de verdad. En la danza, tantas veces comparada con el toreo por los ademanes que se asemejan a los de un gran bailarín. Y en la literatura, a la que dedicaron parte de su obra José Bergamín, Rafael Duyos, Pablo Neruda o Blasco Ibáñez, que con su novela "Sangre y arena"dio pie a que la Meca del cine americano se interesara por la fiesta de los toros desde otro ángulo.

 (...) Numerosas frases reflejan la admiración por el Arte del toreo a lo largo de la Historia. Lorca dijo sobre la fiesta de los toros: "El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, creo que los toros es la fiesta más culta que hay en todo el mundo". Manuel Machado llegó a decir que antes que poeta, hubiera preferido ser un buen banderillero. Ortega y Gasset confesaba que habría cambiado su fama por la gloria de los matadores de toros. En cierta ocasión, cuando a Gerardo Diego le preguntaron que cómo era posible que en Santander hubiera presenciado una corrida por la mañana, otra por la tarde y una tercera por la noche, replicó que "todos los días deberían ser así". Picasso confesó que lo que más echó de menos en su exilio francés era precisamente las corridas de toros.

 Si grandes personalidades honraron a la Fiesta con sus reflexiones y comentarios, ésta devolvió también un modo de expresión propio, calándose hasta la médula la terminología taurina en conversaciones cotidianas como apretarse los machos, estar sin puntilla, me han pegado una estocada, me está toreando y otras muchas que conocemos y utilizamos.

 Queda así de manifiesto que nuestra Fiesta Nacional forma parte de las más grandes expresiones artísticas del mundo. Y es que el toreo ha evolucionado de una manera extraordinaria. Todo arte es, de por sí, evolutivo. En el toreo evolucionó a la vez que el toro.

 (...) Ahora bien, todo arte requiere de una excelente técnica para poderse realizar de manera excepcional. Posiblemente, en el toreo, sin una técnica depurada difícilmente podría el torero expresar lo que su alma y corazón le dicta. Es por ello que no hay ninguna figura del toreo que carezca de una buena técnica. En cualquier actividad artística, y muy especialmente en el toreo, si no se domina la técnica, el cuerpo se queda a merced del toro. En otras cosas sería imposible cuajar un número importante de toros porque cada uno es distinto y pide una lidia diferente que, aunque pueda parecer igual, no es semejante a la anterior.

 (...) Por todo ello, la inspiración en una faena es fundamental. No se puede traer preconcebida desde el hotel, pensarla y luego aplicarla. Lo que nos diferencia de otros artistas es que esa inspiración que dota a todo artista la tienes que tener, quieras o no, a la hora de la corrida. Ése es el momento. No puede ser otro. Si no tienes la técnica apropiada para ir desbrozando el mármol difícilmente llegará tu obra a la categoría de arte. Es obvio que es imprescindible para la expresión artística del toreo. Cuando es depurada y está asimilada por parte del torero, éste responde automáticamente frente a los planteamientos del astado y posibilita que fluya con toda naturalidad, sin estridencias, como si brotara por los poros de la piel, olvidándote del cuerpo. El toreo es sentimiento del torero y el aficionado. Una emoción del matador de toros, inefable por la expresión del propio sentimiento. Tenemos la gran suerte de contar con una Fiesta que es única porque en ella se conjugan todas las otras expresiones artísticas. Por ello, es el Arte entre las artes. Y es nuestra. Muy nuestra. Una Fiesta que no debería necesitar de defensa alguna, puesto que el arte jamás lo ha necesitado. Es tan grande que se defiende sola, sólo hay que amarla y emocionarse con ella.

 Toda mi vida he querido ser torero. Siempre fui torero. Nací torero. Ser torero es una forma de vivir, de sentir, de ser, de respeto a los toreros, y a quien todo te ha dado y te puede quitar, el toro. El toreo es grandioso, mágico, tanto que es el único espectáculo artístico en el que no hay nada preparado. Lo que ocurre en ese momento es todo de verdad. Se desarrolla con una gran incertidumbre y en soledad. Allí se funden arte y tragedia, toro y torero, permaneciendo para siempre como acto único e irrepetible en la memoria de nuestras retinas y en la emoción de nuestros corazones. Muchísimas gracias por la atención prestada, agradeciendo la presencia de nuevo de todos».