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Reducción de pecho: más estéticos y con menos riesgo de cáncer

  • Reducción de pecho: más estéticos y con menos riesgo de cáncer
    Reducción de pecho: más estéticos y con menos riesgo de cáncer

Tiempo de lectura 8 min.

16 de julio de 2010. 16:03h

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16/7/2010

La fuerza de gravedad les afecta más que a nadie. Son senos excesivamente grandes, desproporcionados, que superan una talla 120 o 130 y para los que encontrar ropa que siente medianamente bien es una misión prácticamente imposible. Pero más allá de la estética, semejantes proporciones pueden acarrear problemas de salud, como dolor de espalda, de hombro (debido a la marca que deja el sujetador por el peso) irritaciones bajo la piel de la mama y problemas respiratorios, por lo que, en ocasiones, lo mejor es pasar por quirófano para eliminar lo que sobra.


 De esta forma, no sólo se quitan un peso de encima, sino que también se reduce el riesgo de sufrir cáncer de mama. Así lo aseguran los expertos. «Por ejemplo, a una mujer de 40 años cuya mama entera pesa dos kilogramos, al intervenirla se le quita un kilo, lo que significa que estás reduciendo en un 50 por ciento el riesgo de que desarrolle un tumor mamario», asegura Ezequiel Rodríguez, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Estética y Reparadora (Secpre). Un dato que corrobora la jefa del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, Rosa Pérez Cano. «Llevamos mucho tiempo trabajando sobre ello y es cierto que reduce el riesgo. Aunque el 60 por ciento de la mama es grasa, también existe un componente glandular, tejido mamario y piel, por lo que al extraerlos, disminuyes las posibilidades de desarrollar cáncer».
En cuanto al perfil que pasa por consulta, el presidente de la Secpre explica que «está la mujer mayor, de 40 o 50 años que acude porque no se lo pudo hacer antes, o bien las jóvenes, entre los 16 y los 19 años, que sufre una hipertrofia mamaria virginal, con un pecho excesivamente grande, que usan copas C o D. Son chicas acomplejadas que no se duchan ni cambian de ropa en los vestuarios con sus compañeras por vergüenza, y adoptan malas posturas, inclinándose hacia adelante para disimular».


Por su parte, José María Díaz Torres, especialista en cirugía plástica añade que, «en 40 años de profesión ves de todo, desde jóvenes a madres, pero hay que tener en cuenta que los 18 implican la mayoría de edad, pero no la de la mama, por lo que hay que informar a las chicas». Pérez Cano añade que «no recomendamos operar antes de los 20 años. Además, se debe concretar el peso y estatura de la paciente, porque si es un problema de obesidad, se recomienda que adelgace para reducir volumen».


Una vez estudiado el caso, debe saber que  es posible que tenga que costear la intervención de su propio bolsillo, lo que ronda los 3.500 euros. La jefa del Servicio de Cirugía Plástica del Gregorio Marañón matiza que «la Seguridad Social cubre la llamada gigantomastia, que requiere pasar un protocolo específico. Son mamas exageradamente grandes en las que la distancia entre el cuello (escotadura esternal) y el pezón alcanza los 30 o 35 centímetros frente a los 18 (o menos) de un pecho normal, y la circunferencia del seno es de unos 60 centímetros». Además, el tamaño del pecho suele ir acorde con el de la areola, y «en lugar de tener unos cuatro centímetros y medio, pueden encontrarse areolas de 12 cm y que también deben disminuir de tamaño», aclara Ezequiel Rodríguez. Otra intervención cubierta por el Estado es la asimetría mamaria, esto es, cuando la diferencia de tamaño entre una mama y la otra es muy marcada, pues se trata «de una malformación congénita». La experta diferencia este término de la hipertrofia mamaria en que esta última «es un pecho grande, no acorde con el físico de la persona, pero es más un problema estético».

Así funciona
Para dar solución al problema existen diversas técnicas. La conocida como «T» invertida se realiza mediante una incisión alrededor de la areola, otra vertical hacia abajo y una última horizontal en el surco que hay debajo de la mama. A través de estas líneas en forma de ancla se extirpa el exceso de piel, grasa y tejido mamario y se «recolocan» la areola y el pezón en su nueva posición. Desde la Secpre especifican que, pese a que en la mayoría de casos la areola permanece unida a los vasos sanguíneos y a los nervios, manteniendo una sensibilidad, «sin embargo, en grandes reducciones puede ser necesario separar completamente la areola y situarla en su nueva posición, lo que implica cierta pérdida de sensibilidad». Además, y aunque el riesgo es muy pequeño, pueden verse afectados los conductos galactóforos, que conectan las glándulas que producen leche con el pezón, lo que impediría amamantar al bebé.


Y quienes estén dispuestas a pasar por quirófano, deben saber que las cicatrices que quedan son importantes, aunque con un buen tratamiento sumado al paso del tiempo, van mejorando. Los senos cuyo tamaño se debe al crecimiento de la grasa, y no de la glándula mamaria, y además cuentan con una buena calidad de la piel, pueden librarse de las marcas y sustituirlas por una liposucción, cuyas incisiones rondan el centímetro en cada mama. Aunque, en vista de las exigencias que marca este proceso, son pocas las que pueden beneficiarse.
El vendaje alrededor de las mamas es el siguiente paso. Durante un tiempo la paciente llevará un sujetador especial. Podrá volver al trabajo en unas semanas, y en pocos días podrá hacer vida casi normal.


Finalizado el proceso, la parte eliminada se lleva siempre a analizar. Y gracias a ello, recientemente un grupo de investigadores del centro Integral Lombardi de Georgetown (Estados Unidos) ha descubierto una proteína (TGF-Beta1) que sirve como marcador para identificar la existencia de hiperplasia atípica, una condición potencialmente cancerosa en la que las células se incrementan de forma elevada. Este descubrimiento ayudaría a los médicos a identificar la posibilidad de las féminas de desarrollar en el futuro un tumor. En el trabajo participaron cerca de 100 mujeres sanas y, según explica el principal investigador del estudio, José Ángel Montero Santamaría «esta proteína es esencial para el control del crecimiento y muerte celular. De esta forma, cuando las células se vuelven cancerosas, los niveles de dicha proteína ascienden e indican la existencia de un proceso maligno». El experto añade que «estos cambios a día de hoy no se pueden observar en una mamografía, por lo que estamos intentando desarrollar un panel de pruebas moleculares que determinen el riesgo con mayor precisión».
 


El exceso de volumen también afecta a los hombres. En su caso se denomina ginecomastia y se estima que la sufre cerca del 40 por ciento de los varones. Pese a que en el origen no está claro, Ezequiel Rodríguez matiza que «hay un componente hormonal importante». Y existen dos tipos: la ginecomastia juvenil, entre los 15 y 20 años, y la senil, a partir de los 50. Suele tratarse de un exceso de grasa que puede eliminarse mediante una liposucción o con incisión pequeña alrededor de la areola y quitando el tejido que sobra».
 

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