Un Gobierno paritario y muy de izquierdas

PARÍS- La ecuación era difícil de resolver. Un Gobierno paritario, respetuoso de la diversidad, equilibrado entre las diferentes corrientes del partido, complaciente con sus socios ecologistas y abierto a las nuevas generaciones. Muchos requisitos para un Gabinete que François Hollande había prometido «ajustado». La crisis obliga. En total, el primer Gobierno de la «era Hollande» cuenta con 34 ministros y ministros delegados que podría completarse con una futura tanda de secretarios de Estado una vez celebradas las legislativas en junio y de cuyo resultado dependerá la supervivencia de este Ejecutivo. Un equipo paritario con 17 hombres y 17 mujeres, la primera vez en la historia gala. Y cuantitativamente comparable al de Nicolas Sarkozy. Hollande se había comprometido durante la campaña: «Los que me apoyen formarán parte del Gobierno». Como presidente lo ha cumplido. Aunque por el camino ha tenido que sacrificar a algunos de sus más fieles colaboradores.

Entre los premiados, el ex primer ministro Laurent Fabius, que dirigirá la diplomacia francesa al frente del Quai d'Orsay, sede del Ministerio de Exteriores, por el que este «elefante» socialista había mostrado su preferencia los últimos meses. De hecho, ejerció de representante especial de Hollande en distintos viajes al extranjero. Con este nombramiento se entierra también el hacha de guerra entre dos inveterados rivales. Sus tempestuosas relaciones se desataron cuando Fabius se erigió en defensor del «no» a la Constitución europea en 2005. De ahí que su nombramiento al frente de Exteriores resulte algo paradójico. No obstante, tendrá bajo su tutela y a cargo de los Asuntos Europeos a un europeísta, Bertrand Cazeneuve, uno de los portavoces de la campaña presidencial.

Sin grandes sorpresas, Manuel Valls será el nuevo ministro del Interior, en cabeza de cartel junto al «ex strausskhaniano» Pierre Moscovici como responsable de Economía, Finanzas y Comercio Exterior, que retoma las lides ministeriales tras encargarse de la política europea en el Gobierno de Jospin. Ambos ven así agradecida su dedicación como director de comunicación y director de la campaña, respectivamente. Moscovici contará en su departamento con el hasta ahora presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, Jérôme Cahuzac, distinguido, por su competencia en la materia, con la cartera de Presupuesto. Otro ineludible, el paladín de la desglobalización y revelación de las primarias socialistas, Arnaud Montebourg, liderará el Ministerio de la Recuperación Productiva.

Sin duda, la ministra más destacada es Christiane Taubira, a la cabeza de Justicia. La ex candidata presidencial en 2002 reúne tres de los criterios autoimpuestos por Hollande: el femenino, la diversidad –originaria de la Guyana francesa– y la apertura, al ser miembro del Partido Radical de Izquierda. Por su parte, Marisol Touraine, hija del sociólogo Alain Touraine, se estrena con un amplio Ministerio de Asuntos Sociales y Sanidad, aunque cuenta con una sólida experiencia en este terreno.

La vieja guardia socialista estará representada por la ex ministra de Justicia Marilyse Lebranchu, allegada a Martine Aubry, y que regresa para ocuparse de la Reforma del Estado, la Descentralización y la Función Pública. Las nuevas generaciones también hacen su entrada con la terna formada por Aurelie Filippetti, una «royalista» convertida al «hollandismo», que liderará Cultura y Comunicación; Najat Vallaud-Belkacem, queserá la portavoz del Gobierno además de asumir el recién acuñado Ministerio para el Derecho de las Mujeres, y Delphine Batho, ministra adjunta de Justicia. La ecologista Cécile Duflot, que ve premiado su apoyo electoral, se estrenará con un departamento de Igualdad Territorial y Vivienda. Si algunos fieles como Michel Sapin (Trabajo y Empleo) han conseguido colocarse, otros han sido sacrificados por el camino, como André Vallini. Y es que muchos son los favores que hay que pagar por una victoria electoral.

 

Aubry, Un «elefante»sin cartera
Las alternativas no eran muchas: primera ministra o nada. Ésa era la condición impuesta por Martine Aubry a François Hollande para formar parte del nuevo Gobierno. Una recompensa que la líder del Partido Socialista estimaba justa. Sobre todo después de haber hecho campaña por él, con una formación unida tras años de luchas intestinas. Pero sin duda era una nominación que Aubry sabía poco probable por parte de quien fuera no sólo su rival en las primarias, sino un dirigente a quien le opone además un contencioso afectivo. Durante años, Hollande ha reivindicado su filiación espiritual con Jacques Delors ocupando el lugar que Aubry, su hija natural, hubiera ansiado tener. La decisión le fue comunicada el lunes. «Estuve hablando con Hollande, me comentó la elección de Ayrault y acordamos que, con esta configuración, mi presencia en el Gobierno no tenía sentido», confiaba ayer a «Le Monde». Pese a las distintas ofertas, Aubry, que ya fue «número dos» del Gobierno de Lionel Jospin (1997-2002), declinó todas las proposiciones al frente de un ministerio. Incluso la triple cartera Cultura, Educación y Juventud. «Hollande ha hecho una elección política al no nombrarme al frente de Matignon [sede del primer ministro francés]. Así las cosas, yo no iba a entrar a negociar no sé qué ministerio», declaraba al diario.